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La mayoría de los estudiosos actuales de la Biblia se inclinan a pensar que los cuatro evangelios: San Mateo, San Marcos, San Lucas y San Juan, son escrituras que narran acerca de Jesucristo que era el Mesías, el Hijo de Dios, una persona capaz de desempeñar acciones sobrenaturales como sanar a los enfermos con un simple toque de las manos, caminar por encima del agua, calmar tormentas, multiplicar peces y pan para alimentar a miles de personas. Y no solo eso: también resucitar a muertos, y aun a sí mismo, después de ser crucificado y sepultado.
El artículo anterior El caos destructivo actual y el caos generativo como salida salvadora pretende ser completado aquí por la siguiente reflexión hecha hace un año.
El Periódico HOY, del 11 de mayo, 2012, publicó la información que se cita a continuación y sirve de pie de apoyo a las consideraciones expresadas en el artículo titulado: “Haití, un pueblo que vive y muere sobre una mina de oro”.
Debemos recordar que entre los líderes religiosos puede haber tantos pederastas o violadores como en cualquier otro grupo, con el agravante de que en ellos se deposita más confianza.
No le valió presentar a sus dirigentes como los gurúes de la política criolla, venderlos como los mejores estrategas de la comunicación política. Como quiera se fueron a pique. Ahora sólo les queda intentar achicar la taza de rechazo.
Según el Evangelio de san Juan, fueron siete las señales milagrosas que Jesús efectuó en su ministerio terrenal. De estas, había elementos físicos: luz, agua, pan, y vino. Hizo milagros, curaciones que sobrepasan el alcance y las prácticas científicas, y resucitó a Lázaro después de cuatro días de muerto.
Es innegable que estamos viviendo una conjunción de crisis de todo orden. Son tantas que no necesitamos citarlas. En una palabra, estamos viviendo una situación de gran caos.
Trabajo toda la noche con una copa de ron/La luz del día llega y me quiero ir a casa/Apilo bananas hasta que llegue la mañana/La luz del día llega y me quiero ir a casa/Vamos, señor contador, cuente mis bananas/La luz del día llega y me quiero ir a casa”
Gaza, el territorio más densamente poblado del planeta, descrito como “la cárcel a cielo abierto más grande del mundo”, se ha convertido en un caldero infernal de sufrimiento humano.
Una nube cierne sobre Haití que sombrea el país, esa oscuridad es comparable, alegóricamente, a la famosa sentencia atribuida al obispo tomista Joseph Torres (15 de mayo, 2018).
Hay saberes ancestrales útiles para la restauración y el cuidado de ecosistemas, la tarea más urgente de nuestro tiempo si queremos al menos vislumbrar, imaginar la posibilidad de un futuro habitable.
No soy apocalíptico. Apocalípticos son los tiempos. La acumulación de tragedias en la naturaleza, las guerras de gran devastación con genocidio de miles de niños inocentes, el colapso de la ética, el ahogamiento de la decencia en las relaciones políticas, la asfixia de los valores humanos fundamentales, la oficialización de la mentira en los medios de comunicación virtual, la dictadura de la cultura materialista del capital con el consecuente exilio de la dimensión espiritual, inherente al ser humano, nos inducen a pensar:
El Buey era tan fuerte que a pesar de estar cundío de garrapatas, parecía robusto como un toro. Un observador acucioso sabría que era cuestión de tiempo para que le llegara la debacle. El profesor Juan Bosch lo miró con su mirada honda y dijo:
— Hay que desgarrapatizar el Buey.











