Mi papá fue obrero migrante (mecánico) en Canadá y yo he sido migrante en varios países, sea como estudiante en México, Colombia y Alemania, o como trabajador en Colombia, la frontera haitiano-dominicana y ahora como embajador en España. Soy un producto de las migraciones. Tengo una gran trayectoria migrante de más de dos décadas.
Además, acompañé a personas migrantes, en particular, a haitianos en Brasil, Chile, Ecuador y a colombianos en los países vecinos de Colombia (Panamá, Ecuador, Venezuela, Brasil, etc.).
Escribí algunos libros, varios de ellos ya son (lo digo humildemente) textos clásicos de los estudios migratorios, por ejemplo, Introducción a los estudios migratorios o Articulaciones del desarraigo en América Latina. He contribuido bastante a la construcción del campo emergente de los estudios migratorios desde la epistemología de este campo, la sociología del desarraigo y desde investigaciones situadas sobre la migración haitiana, el exilio colombiano y el retorno de los colombo-venezolanos a Colombia. Fui promotor y director de una Maestría en migraciones en Colombia y de numerosas iniciativas sobre migración en la región. Soy parte de varias redes regionales y globales sobre migraciones.
Sin embargo, siempre he tenido la duda de si realmente hay un problema migratorio en sí o si el problema de fondo con las migraciones no es con la discriminación por el color de piel, el origen étnico-nacional, la condición sexual/de género, la clase socioeconómica (pobre/rica), el acento lingüístico, etc., del/la/le migrante. El tal problema migratorio podría tener, desde su raíz, un problema de falta de humanidad, de hospitalidad y de apertura. Extranjeros/as/es siempre pueden tener un problema migratorio puntual y concreto, pero la discriminación podría hacer que este problema termine siendo un problema en contra de la misma persona del/la/le extranjero/a/e, un problema en contra de su identidad, de su pertenencia social, racial, étnica, nacional, (post)colonial. Me pregunto que si atacamos la discriminación bajo todas sus formas, no solucionaremos una gran parte del tal problema migratorio que no hace sino reflejar,
en gran parte, los prejuicios negativos de la sociedad hacia ciertos grupos de personas.
Definitivamente, el racismo y el colonialismo siguen siendo determinantes para comprender y enfrentar el tal problema migratorio.





