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Opinión | Por Manuel Salazar/Político
  Obra de de Manuel Salazar que circulará en los próximos días. Un adelanto publicado en su cuenta de Facebook
I.- Introducción (Apartes)
 
 Las masas populares es la cuestión principal para el reposicionamiento de las izquierdas, incluido por supuesto el Partido Comunista del Trabajo (PCT) en el que milito.

De su comprensión, organización y movilización continua, dependen sus posibilidades de avance hacia el poder político; los posibles buenos desempeños en la lucha electoral, y su desarrollo orgánico.
Conocerlas. Comprenderlas. Organizarlas. Constituirlas. Movilizarlas de manera adecuada, oportuna y sistemática.

Esta es una cuestión de enorme importancia; siempre que se quiera construir la revolución popular dominicana.

En la República Dominicana necesitamos comprender las masas populares actuales. Necesitamos asumir las formas organizativas, las consignas y métodos de lucha consecuentes, que se correspondan con su composición y características.
Necesitamos acumular fuerzas, de masas populares.

Necesitamos superar el espíritu de lucha deportivo, y el de zafra (cada vez que viene el 8 de marzo; o el 24-28 de abril; o el primero de mayo, o el 25 de noviembre) que nos ha arropado en los últimos años.
Necesitamos construir organizaciones de pueblo, grandes, con vida e institucionalidad. Superar el espíritu de evento.

Necesitamos construir procesos de lucha popular, en los que los pueblos se constituyan en lucha en torno a demandas públicas construidas en base a educación, concientización, organización y decisiones colectivas de lucha.
Como está ocurriendo en la lucha contra la mina de Romero en San Juan de la Maguana y la que contrarresta los planes de explotación en la cordillera septentrional.
Sin esos requisitos, seguiremos en un círculo vicioso; emulando el mito de Sisifo*. Volviendo a cada rato a un punto cero, después de cada jornada de lucha.

Y seguiremos lamentando, y algunos criticando, que en otros países la izquierda tiene buenos resultados electorales, y en el nuestro no salimos de lo pírrico, cerca del raquitismo.
La cuestión de las masas populares, es la de más urgente solución.

Masas populares es una categoría de análisis que describe a diferentes sectores sociales que comparten la condición de ser subordinados en la economía y política dominantes; y excluidos en lo fundamental. Vulnerables desde el punto de vista social...
Que también están bajo el dominio ideológico de los valores dominantes, que son los de la clase dominante. Es decir, que las masas populares son las que están bajo la hegemonía económica, política y cultural- ideológica, de la clase que domina.
La atención del trabajo revolucionario tiene que enfocar esas tres vertientes: política, económica e ideológica- cultural. De manera integral.
Los tres aspectos en una sola dirección y propósito.

Esa categoría de análisis debe permitirnos conocer la composición y dinámica de lo popular en la República Dominicana, y definir la línea de trabajo y de lucha.
Estamos en una realidad dominada por un modelo económico, social y político, con el peso del turismo, las zonas francas, las remesas, la economía informal. Y los efectos de una economía invisible y no estimada todavía, pero que se advierte en el tránsito vehicular en calles y carreteras, y en la cantidad de dealers que ofertan enormes cantidades de vehículos de la más diversa gama; así como en el auge de plazas comerciales, condominios, urbanizaciones, torres de apartamentos y oficinas, en las fiestas y espectáculos de casi todos los días, la proliferación de los drinks que venden bebidas importadas de todos los confines del mundo.

Y en suma, según una encuesta MIPYME del Banco Central, para 2022-2023 había 56,933 establecimientos que se reportan como bancas de apuestas (formales e informales).
Todos los anteriores elementos son observables en todo el país, aunque mayoritariamente en los grandes centros urbanos.

Y cabe preguntarse ¿De dónde sale la renta para todo eso? ¿De las remesas solamente? ¿De las exportaciones de zonas francas? ¿De los ingresos del turismo? ¿Hay alguna otra fuente, desconocida?
Estamos bajo los efectos de un modelo económico y social singular, sobre el cual se levanta, y es garante, un régimen político centralizado, dominado por una oligarquía económica y política, que se turna en el poder a través de dos o tres partidos, cada uno de los cuales representa los mismos intereses, así tengan matices diferentes; y que es necesario analizar en sus particularidades y conexiones internas, para conocerlo, y sobre este conocimiento definir las líneas estratégicas para echarlo abajo.
El empleo clásico en fábricas e industrias es mínimo, lo que le quita espacio a la centralidad deseada de las demandas y reclamos de la clase obrera.

El componente más distintivo del caso dominicano es el peso de la informalidad. Una parte significativa de la población económicamente activa opera fuera de los marcos legales y de protección social, lo que debilita su capacidad de organización y representación.
Pero su inclusión en una seguridad social digna puede ser una demanda pública de enormes potencialidades. Eso plantea la necesidad de organizar, de constituir, esa enorme masa.

Las masas populares son numéricamente grandes; pero de composición muy heterogénea, y, desorganizadas, su poder es potencialmente fuerte, y en la realidad, muy limitado e imposibilitado de conquistar demandas significativas.
Un registro general de las luchas sociales en el país confirma que el pueblo dominicano nunca ha dejado de luchar, lo cual es un hecho positivo en el cual debemos afincarnos para aportar subjetividad, dirección y rumbo, y para constituir el movimiento popular...
Pero pone también en relieve la fragmentación del movimiento, no en tendencias necesariamente, sino en su composición y realización. Muchas acciones sociales son locales, focalizadas en barrios, municipios, provincias, y en casos regionales, especialmente en la región del Cibao, y las demandas suelen repetirse, pero varían entre movimientos y otros.

En los últimos 10 años (2015- 2025) las luchas sociales más frecuentes, integradoras de diversos sectores y las más masificadas, son las que impugnan la corrupción y la impunidad; las que reclaman respeto al medioambiente y los recursos naturales.

Estas últimas son las que más han crecido y en la actualidad muestran mayores potencialidades para continuar y desarrollar, porque involucran lo social en tanto están relacionadas con el bienestar de varios conglomerados sociales; pero comportan lo político, nacional- patriótico, dado que se oponen a la política de los gobiernos de entregar la soberanía y el patrimonio natural del país al capital extranjero e imperialista.
Por lo uno y lo otro, constituyen, o deben constituir un eslabón de extraordinaria importancia en el trabajo de las izquierdas.

Cuando se observan con detenimiento los movimientos sociales de los últimos tiempos sale a relieve que los que más pueblo han movilizado son los relacionados con la lucha contra la corrupción y la impunidad, como es el caso de Marcha Verde (2017); la defensa del medioambiente y los recursos naturales, como el caso del rechazo a la Cementera en los Haitises (2009); en Loma Miranda (2011- 2014); la presa de cola de Barrick Gold en Yamasá y Cotuí (2017en curso; los casos de la mina de Romero en San Juan de la Maguana y de los intentos de explotación minera en la Cordillera Septentrional (2017 y en curso).

La lucha por el 4 % del PIB para educación (2010-2013) fue integradora de diversos sectores agrupados en la Coalición Educación Digna, liderada por la Asociación Dominicana de Profesores (ADP), entonces presidida por la profesora María Teresa Cabrera; y alcanzó el nivel de apoteósica.
Han sido significativas las manifestaciones de rechazo a las AFP y ARS, y de reclamo a una Seguridad Social digna (2021 y en curso).

Pero es el caso que en ninguna de estas acciones la participación de la clase obrera y trabajadora ha sido dirigente; excepto en la del 4% para educación, donde el magisterio participó de manera masiva y con espíritu de cuerpo bajo la dirección de su sindicato la Asociación Dominicana de Profesores (ADP); y en menor medida, este mismo sector en la lucha por la Seguridad social digna.
Es claro que asumimos al magisterio como parte del sector de trabajadores.

Otras expresiones que destacan en el período son las luchas por servicios básicos; son más constantes y extendidas desde el punto de vista territorial. Reclamos por agua potable, instalación de infraestructuras para electricidad; reclamo de hospitales, calles, transporte.
Demandas económicas y laborales, por salarios dignos y mejores condiciones laborales, destacándose las luchas de los médicos, maestros y algunos empleados públicos; y trabajadores organizados.
Un lugar importante lo ocupa las luchas de las mujeres por la igualdad de género, derechos reproductivos, las tres causales; contra los feminicidios.

Estas luchas, si bien no han logrado masificarse, ni ser nacionales en el sentido territorial, destacan por la sistematicidad y haber contribuido a crear un liderazgo popular de mujeres. Además, por el salto de calidad de las mismas, dado que, además de lo social y político, expresan un avance ideológico, en tanto erosionan valores dominantes de las clases dominantes como el machismo, y la influencia de algunas tendencias religiosas, sobre el papel de las mujeres en la sociedad.
Estas han avanzado a instalarse como reclamos de derechos generales, de las mujeres en particular, y cuestión de salud pública; por encima de valores morales impuestos por algunas creencias religiosas, especialmente la católica, dominante en la República Dominicana; y de los sectores más recalcitrantes en las tendencias evangélicas.

En síntesis, en los últimos 15 años en la República Dominicana las luchas sociales más frecuentes han tenido tres grandes ejes: 1.- La defensa del medio ambiente y los recursos naturales; la corrupción y la impunidad; que han sido los más integradores de la diversidad social y las que más masas populares han llevado a los escenarios de lucha. Puede decirse que estas demandas son las que más centralidad han concitado; es decir, capacidad de hacer confluir a una amplia diversidad de sectores sociales. 2.- Condiciones de vida (servicios sociales, agua, electricidad, empleo, costo de vida, seguridad ciudadana, desalojos, derechos de las mujeres), los más, focalizados en barrios, zonas y algunos municipios. Y 3.- Condiciones laborales y de seguridad social (Aumentos salariales, seguridad social digna, rechazo a las AFP y ARS; reclamo de un Código Laboral justo, defensa de la cesantía); centrados principalmente en la ciudad capital, aunque se han expresado de manera intermitente en algunos municipios principales del interior.
Constituir el movimiento popular implica organizar con objetivos definidos.

Porque el movimiento popular nace, como se ha dicho antes de la necesidad material y de la conciencia de sus integrantes del por qué y para qué del mismo.

El descontento es un punto de partida, pero la constitución del movimiento popular debe superar este. Parte del mismo, pero es seguido por la conciencia respecto del porqué de ese descontento.

El movimiento popular será fuerte y trascendente si sus integrantes entienden su situación, las causas de esta y asumen de manera consciente una línea para superarla.

Los sectores que integramos el movimiento popular deben avanzar a reconocer que su realidad es resultado de la dominación histórica de una clase en el poder político, de las relaciones de dominación que les han sido impuestas. Comprender que la exclusión social, la desigualdad y la explotación no suceden por acaso, no son algo natural; sino que son condiciones impuestas por un modelo de dominación de las clases dominantes.

La clave de la constitución del movimiento popular está en la comprensión de la realidad; la reflexión crítica de la misma; la conciencia así ganada, y la acción colectiva cada vez para mejorar la acción en una nueva fase de desarrollo. Y así en una dialéctica, praxis; reflexión- acción, otra vez reflexión y nueva acción.

Es lo que Paulo Freire recomendaría en su visión de la educación liberadora. Ni lucha social ciega sin orientación dada por la reflexión crítica; ni intelectualismo de la reflexión desconectada de la lucha popular.

Y lo que aconsejaría Carlos Marx en su tesis XI sobre Feuerbach, cuando dice: “Hasta ahora los filósofos se han preocupado en interpretar de distintos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo.
Hoy, la protesta social de la República Dominicana debe constituirse en movimiento popular en el sentido que, como categoría de análisis, estamos reivindicando.

El punto de partida tiene que ser el análisis de la realidad dominicana, en el que la lucha de clases es un elemento fundamental; pero igual lo es, el estudio del modelo de dominación neocolonial que se le ha impuesto al país y pueblo dominicanos, que es la fuente de todos los problemas materiales y espirituales que hacen daño al pueblo dominicano; no solo a la clase obrera y trabajadora, que son esenciales en el movimiento popular; sino también a un amplio conglomerado de sectores sociales y comunidades urbanas y rurales, que en las condiciones históricas del país integran ese movimiento.