Guardar silencio ahora y mirar de forma pasiva cómo puede ocurrir una tragedia diría de nosotros en el futuro que fuimos ruines, cobardes, malas personas e insensatos al permitir que la violencia de un grupo minúsculo nos llevara a todos y todas a vivir en un ambiente de crispación y miedo
Un grupo extremista, que promueve el odio, amenaza con expulsar a todos los haitianos de Los Mina, en Santo Domingo Este. Los violentos utilizan como excusa el asesinato de un adolescente cometido presuntamente por dos inmigrantes. Por supuesto, los homicidas deben ser juzgados y sentenciados con todo el rigor de la ley. Nuestra solidaridad y pensamientos están con la familia y los amigos del muchacho asesinado.
Pero un grupo no puede ser castigado por las acciones de dos individuos. ¿O nos hubiera parecido justo que expulsaran a toda la laboriosa comunidad dominicana de Nueva York o de Madrid cuando pequeños grupos de nuestros jóvenes fueron acusados de pertenecer a bandas criminales? ¡No! Cada persona debe pagar por sus propios delitos.
Ante la indignación por un crimen horrendo, la respuesta no puede ser la venganza colectiva en contra de inocentes como proponen los neofascistas que los amenazaron en televisión nacional. La respuesta de las organizaciones sociales, las autoridades y la ciudadanía del municipio debe ser clara y sin titubeos: aquí no permitimos que matones racistas acosen a los migrantes ni impongan la violencia étnica.
Para perseguir delitos está el Ministerio Público, que debe enfrentar a los individuos que los cometieron y no a su familia, comunidad o grupo. Permitir tal despropósito es retroceder a una época sin ley, tolerar esas acciones pone en peligro a los migrantes, nos envilece como sociedad y crea una inseguridad jurídica y social de la que es difícil regresar. Hoy son los inmigrantes haitianos, ¿mañana quiénes serán o quiénes seremos? Ya el grupo neofascista ha tratado de acosar a migrantes en el Hoyo de Friusa, en Higüey, y en Ciudad Juan Bosch. No podemos permitir que estas acciones continúen.
Existen momentos que nos definen como personas o como grupo. Este es uno de ellos. Estamos en una buena posición para hablar, organizarnos y protestar por la defensa de los derechos humanos y la justicia sin correr muchos riesgos. No tenemos razones morales válidas para la indiferencia.
Guardar silencio ahora y mirar de forma pasiva cómo puede ocurrir una tragedia diría de nosotros en el futuro que fuimos ruines, cobardes, malas personas e insensatos al permitir que la violencia de un grupo minúsculo nos llevara a todos y todas a vivir en un ambiente de crispación y miedo.
Ese mal futuro no llegará. Nos tengo fe. Sé que ni en este municipio ni en el país apoyaremos el odio. El momento de hablar con las autoridades, expresarnos en los medios y mostrar solidaridad con los haitianos de Los Mina es ahora, ahora que todavía alzar la voz no es un gesto heroico que nos puede costar la vida, sino un acto de responsabilidad ciudadana y de humanidad. Y tú, ¿qué harás? ¿Qué diremos de ti en 20 años?
La Canoa Púrpura es la Columna de Libertarias, espacio sobre mujeres, derechos, feminismos y Nuevas Masculinidades que se transmite en La República Radio, por La Nota.





