Ginebra (21 de marzo de 2026) – En este Día Internacional para la Eliminación de la Discriminación Racial, honramos a quienes han luchado, y siguen luchando, por la justicia racial, la igualdad y la libertad.
Su resistencia demostró el increíble poder de la solidaridad para cambiar nuestro mundo para mejor.
Desde la adopción de marcos globales para combatir el racismo hasta las leyes nacionales contra la discriminación y el reconocimiento de las injusticias históricas, hemos logrado avances significativos en el largo camino hacia una sociedad más justa.
Pero nos acercamos a un punto en el que este progreso se cuestiona, se retrasa e incluso se revierte.
Este argumento fue creado por quienes se nutren de la división y la polarización. Se ve reforzado por estructuras discriminatorias y sostenido por la lógica corrosiva de la deshumanización.
Porque, aunque ya no segregemos a las personas en los autobuses, muy a menudo seguimos haciéndolo en nuestra forma de pensar y en nuestra manera de vivir.
La raza sigue siendo el motivo más común de discriminación a nivel mundial, causando un gran sufrimiento a millones de personas.
En todo el mundo, las personas de ascendencia africana y asiática, los judíos, los musulmanes, los pueblos indígenas y otras minorías étnicas, religiosas y culturales siguen viéndose privados de sus derechos básicos.
El discurso de odio se está propagando sin control, incluso contra migrantes, refugiados y solicitantes de asilo.
La cobertura mediática sesgada moldea el ámbito de nuestra atención. Algunos países y regiones —algunas vidas— se consideran más dignos de nuestro interés que otros.
Quienes propagan el odio han logrado claramente sembrar desconfianza y caos en nuestras sociedades, y eso puede ser una buena noticia para ellos.
Pero también tengo malas noticias para estas personas: la búsqueda de justicia y dignidad por parte de la humanidad es inquebrantable. Es intrínseca a nuestra naturaleza y siempre prevalecerá sobre las ideas supremacistas delirantes.
Hoy, les debemos a todos aquellos que dieron su vida por la igualdad y los derechos humanos nada menos que un esfuerzo total para salvaguardar este progreso.
Y eso empieza con la voluntad política.
El deseo de combatir la discriminación racial mediante leyes, empatía y rendición de cuentas.
La voluntad de trabajar conjuntamente con la sociedad civil y las comunidades afectadas para encontrar soluciones duraderas.
El deseo de regular las actividades comerciales y hacer que los espacios en línea sean más seguros.
El deseo de reformar sistemas políticos y económicos obsoletos que aún se basan en el colonialismo y la explotación.
El deseo de combinar la justicia racial con la justicia climática para las comunidades que menos han contribuido al cambio climático, pero que están pagando el precio más alto.
El racismo no solo es injusto e ilegal; es moral e intelectualmente reprobable.
Al cuestionar nuestras suposiciones, verificar los hechos y aprender sobre historia y derechos humanos, podemos desenmascarar las tácticas de distracción y reconocer nuestra humanidad compartida.
Juntos, afrontaremos, denunciaremos y actuaremos contra el racismo, siempre.





