Contáctenos Quiénes somos
Opinión | Wilda Rodríguez

 Un lo negó tres veces, otro lo vendió por treinta siclos de plata, y el resto se hizo el dormido y lo dejó desvelado y hablando solo en el Monte Olivo. Cuando lo arrestaron ninguno abrió la boca para decir: “Yo soy su cómplice, llévenme a mi también”.  Nada, que a Jesús no le fue bien con los hombres. Se rodeaba de una partida que lo que le gustaba era andar con el más carismático, los fiestones que celebraba, y sus posibilidades de llegar al poder.

 Y es que la campaña política de Jesús fue bien buena. Hace un par de años aquí mismo en 80grados y también para Semana Santa  El año pasado les conté de lo tremenda persona que era Jesús y lo mucho que le gustaba la jarana (Era un buen tipo Jesús- 80grados, 22 de marzo de 2013). Hacer que todo el mundo se sintiera feliz era lo suyo. Por eso su campaña para Rey de los Judíos fue un éxito.

Con las mujeres fue otra cosa. Con ellas se fue por encima de los gandules. Jesús era feminista y contaba mujeres entre sus mejores amigas de trabajo y juerga. Marta y María de Betania eran el mejor ejemplo de su amistad profunda con mujeres. Eran las hermanas de su amigo Lázaro. Sí, ese mismo. El del “Lázaro, levántate y anda”. Mi versión del suceso no tiene nada de milagrosa y está en el escrito al que hago referencia. Búsquenla, porque no la voy a repetir.

Por lo que cuenta Juan en su evangelio, Marta y María tenían una confianza de amistad real con Jesús, lo que no era común en aquella época. Aunque los apóstoles no lo quisieran reconocer, Jesús también tenía apóstolas. Eran de su loop.

Todo lo que sabemos de lo que hoy llamamos la vida y obra de Jesús y de la Semana Santa que celebra el mundo cristiano es por Mateo, Marcos, Lucas y Juan. Los cuatro evangelistas. Todos varones.

El único evangelio que se supone escribió una mujer fue declarado apócrifo y hasta herético. El Evangelio de María Magdalena, por supuesto. María Magdalena era su jeva, digan lo que digan. Punto y aparte.

Los amigotes de Jesús le tenían unos celos espantosos desde el día uno. Jesús se las impuso y ellos la aceptaron a regañadientes. Una vez muerto Jesús, ni a juyía iban a aceptar que era una apóstola, y  mucho menos con derecho y pasión para escribir la mejor versión de la vida de su compañero.

Todo el mundo sabe que Pedro le tenía una roña tremenda porque el era protortodoxo, de derecha full, y ella era gnóstica, casi herética. Pedro era fundamentalista. Mariam (su nom de guerre) era de avanzada. Izquierda pura y dura.

De hecho, de lo poco que hay del llamado Evangelio femenino, que solo son fragmentos, llama la atención su fijación con el tema de la materia. Osease, que María Magdalena era espiritista.

[...] entonces, ¿será destruida o no la materia? El Salvador dijo: «Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicadas entre sí, y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Quien tenga oídos para escuchar, que escuche.

He ahí el principio de que la energía no se destruye, se transforma.

Lo cierto es que, aunque lo han desprestigiado de todas las maneras posibles hasta hacerlo invisible, todavía anda dando tumbos la posibilidad de que el Evangelio de María sea la versión más intelectual, filosófica y fiel de la historia de Jesús. Cool.

Sólo hay fragmentos del mismo y otro fragmento que me encanta es la pelea entre Mateo y Pedro que relata el Evangelio de María. Es tan y tan real que cuesta mucho no creer que pasó tal cual. Pedro, el fundamentalista que odiaba el intelecto cuestionador de Mariam, y Mateo (el Leví), quien dicen fue el único que echó pa’lante con las prédicas de Mariam.

Leví dice a Pedro: «Siempre tienes la cólera a tu lado, y ahora mismo discutes con la mujer enfrentándote con ella. Si el Salvador la ha juzgado digna, ¿quién eres tú para despreciarla? De todas maneras, Él, al verla, la ha amado sin duda. Avergoncémonos más bien, y, revestidos del hombre perfecto, cumplamos aquello que nos fue mandado. Prediquemos el evangelio sin restringir ni legislar, (sino) como dijo el Salvador». Terminado que hubo Leví estas palabras, se marchó y se puso a predicar el evangelio según María.

Qué buen chisme, ¿verdad?

Entiendo el rechazo y la intención de colocarlo como un evangelio apócrifo y un escrito gnóstico – herético escrito muchos años después que los otros. Sabiendo cómo se manipula la historia no me extraña nada que a la pobre María Magdalena se le marginara a ver si desaparecía.

No desapareció. Hace poco la revivió Dan Brown en su famoso Código Da Vinci. Por supuesto que ha sido declarado hereje por su versión de que Mariam era la pareja de Jesús y hasta parió un chamaco. Poco ha faltado para que el Opus Dei apedree, crucifique y le de a beber vinagre a Dan Brown.

Evangelio quiere decir “buena noticia” y la buena noticia que relatan los evangelistas es la biografía de Jesús desde el pesebre a la cruz. Cuánto de cierto hay en todos ellos podría ser cuestionable en tanto y en cuanto fueron escritos con amor y fe en Jesús. Fueron escritos por creyentes de Jesús. O sea, hoy le diríamos que estaban bias. Escribieron testimonios desde su fe en Jesús.Pero si le buscamos las coincidencias podemos tener más o menos un relato histórico.

Sí, yo creo que Jesús fue de carne y hueso y que hizo la mayor parte de las cosas que dicen que hizo. Tengo debilidad por Jesús, el hombre. Lo de los milagros y eso, no estoy tan segura, pero si creo en los extraterrestres que crea en milagros no es nada de particular. Además, mi abuelita me decía que con los milagros no se pelea.

Lo cierto es que durante más de veinte siglos se ha manipulado de tal modo la verdadera historia de Jesús y se han borrado tantas pistas, que hay que dejarse llevar como yo me llevo, por lo que me cuadra.

Volviendo a las mujeres de Jesús, estas siempre formaron parte de su claque. Era inclusivo y retaba a cualquiera que le cuestionara su trato igualitario con la mujer en una sociedad en la que se le consideraba totalmente inferior al hombre. Todos los estudios sociológicos de la figura de Jesús destacan que su relación con las mujeres era uno de sus aspectos más revolucionarios.

Soy fan de Jesús y María Magdalena. Esta semana me da siempre con recordarlos a mí manera.

A los que leyeron mi teoría en el escrito de referencia, recordarán que me sostengo en que todos los quince añitos esos que no se supo nada de Jesús – el famoso misterio desde que se perdió en el templo hasta que lo bautizó su primo Juan en su secta pacifista – estuvo en el clandestinaje con los zelotes y los abandonó porque realmente era un pacifista y los zelotes eran una partida de terroristas.

El fin era tumbar a los romanos, claro está. Pero Jesús era un subversivo más al estilo de Mahatma Ghandi. El ojo por ojo y el diente por diente iba a dejar a los judíos ciegos y mellados. Ser rey de un pueblo feo tampoco era.

Lograr la libertad, la justicia y la paz para su pueblo judío era su tarea política. Pero sabía que el enemigo era demasiado grande para enfrentarlo de tú a tú a palo limpio. Sabía también que cuando se empieza a ganar a palo limpio y uno se convierte en el grande, tiene que mantenerse arriba a palo limpio. Fíjense en Israel. Ahora el pueblo judío es más grande que el Palestino y  se mantiene a tiro limpio. Abusando como antes abusaron de ellos. Eso Jesús obviamente lo venía venir.

Además, estaba su Dios. Detrás de todo el plan para tumbar a los romanos estaba su Dios. Y el Dios de los judíos no podía ser tan canalla como el Dios – o los dioses – de los romanos. El Dios de Jesús era mejor tipo que el mismo Jesús, que era mucho decir. Era el autor original de la regla de oro: trata a los demás como quieres que te traten, no hagas lo que no quieres que te hagan, etcétera, etcétera. Tan simple y tan difícil de explicar a veces, particularmente ahora cuando el Dios de los judíos no parece tener el mismo libreto.

Lo que me trae a hablar de nuevo de Jesús es una conversación que tuve con el teólogo nacional Luis Rivera Pagán, otro de mis favoritos, y al que siempre dedico todas estas herejías.

Hablábamos de que cuando Jesús hizo su entrada en Jerusalén (Domingo de Ramos) lo hizo para provocar la ira de los romanos sabiendo que lo iban a linchar. Se lo buscó a propósito. No es que fuera pendejo. Es que era genuino. Su lucha contra los romanos por su pueblo judío era legítima. Sabía que su misión requería el último sacrificio y estuvo dispuesto a él. Hemos conocido a otros que han estado dispuestos a dar su vida por lo que creen. Y lo han hecho, claro que sí. Pero Jesús siempre ha sido el epítome del “dispuesto a morir por lo que creo, no a matar por ello”.

Si alguien conocía bien la historia triste de su pueblo era Jesús. Cuando entró montado en un asno a Jerusalén lo hizo adrede para estar a tono con la profecía de Zacarías. En el libro de Zacarías en el Antiguo Testamento decía bien clarito (Capítulo 9) que el Mesías, el salvador del pueblo judío, llegaría humildemente montado en un asno. Jesús no se lo sacó de la manga. Mandó a buscar un asno para entrar en Jerusalén y que todo el mundo dijera: “Diablos, Zacarías la pegó.”

Contaba con que los romanos – al menos Herodes, su gobernador colonial que no era romano, pero sí un pitiromano tan grande como pitiyanqui es Carlos Romero Barceló – sabía de la profecía de Zacarías y se pondría nervioso. Era una provocación directa al hígado de Herodes, Pilato y Caifás. Jesús venía a Jerusalén a buscar bulla. Se le fue la mano y encontró la muerte con la velocidad de un rayo por confiar en Judas. Pero la verdad es que fue a buscar bulla y la encontró.

¿Qué hizo además de entrar montado ridículamente en un pobre asno que apenas podía con él? Meterse en el templo y entrarle a jinquetazos a los mercaderes. No me digan que eso no fue un acto premeditado de provocación al business as usual de Jerusalén. Habían convertido el templo en “cueva de ladrones” y Jesús no fue a predicarles. Los sacó a azote limpio. Un arranque de la violencia zelote que se le zafó sin querer queriendo.

Entonces se puso a dar mítines y en cada mitin ponía como chupa a Herodes y a los romanos. Los cucaba y los cucaba hasta que expidieron la orden de arresto en su contra por subversivo y sedicioso. Sí, de lo mismo que acusan a Oscar López Rivera veintiún siglos después por querer libertad, justicia y paz para su pueblo. Yo no quiero hacer comparaciones, pero lo cierto es que Oscar se me parece más a Jesús que ningún religioso conocido.

Siguiendo con la historia, la noche de la cena opípara con sus amigotes de cuya foto hasta mi abuela tenía una copia, a Jesús se le fue la mano en el vino y la lengua. María Magdalena sudó frío cuando lo vio secreteándose con Judas. Apostaba que le estaba contando de Occupy – el operativo para ocupar pacíficamente el Templo de Jerusalén y no salir de allí hasta que los romanos se fueran por donde vinieron.

El resto nunca me gusta contarlo. Tiene mucha sangre.

Y entonces resucitó. Esos son otros veinte pesos. Esta parte yo la interpreto de otra manera, pero como ya les dije, mi abuelita me enseñó a no pelear con los milagros, y a veces me da besitos para que no pelee por nada.

Nadie lo vio resucitar, pero dejó ver su espíritu. Eso para mí es fácil de entender de un ser adelantado. Jesús lo era.

¿Por quién se dejó ver primero que nadie? Por María Magdalena, por supuesto.

No me es difícil entender que otros más lo vieron, hablaron con él y hasta lo tocaron después de desencarnar. Si el espíritu de mi abuela me da besos, ¿por qué Tomás no pudo hundir su dedo en el costado de Jesús para creer y sentirse feliz?

Con los milagros no se pelea.

Fuente: 80grados.net, revista puertorriqueña. La que invitamos a sus lectores a seguirla y colaborar con ella.

Sobre la autora:  

Periodista en medios de comunicación escrita, radial y televisiva. Comenzó en el periódico El Mundo. Miembro de la plantilla original de El Nuevo Día donde fungió como reportera en La Fortaleza, corresponsal en Estados Unidos y Jefa de Información del diario. Fue directora de noticias de Radio WADO en Nueva York, y columnista de El Diario/La Prensa. Productora, libretista y conductora de programas de radio y televisión. Consultora política y de medios para políticos y sindicalistas en Puerto Rico y Estados Unidos. Presidió la Asociación de Periodistas de Puerto Rico. Actuamente mantiene una columna en El Nuevo Día y es chef en su propio restaurante, La Casa de las Tías. Fuente Revista 80grados.net