Hubo una vez en que el maravilloso grupo formado por Jesús de Nazaret, corrió el gran peligro de dividirse por la ambición y el egoísmo de dos de sus miembros (Santiago y Juan) que tuvieron la intención de ocupar los primeros puestos cuando Jesús tomara posesión de su reinado.
Fue entonces cuando muy hábilmente, Jesús, como líder, convocó una reunión urgente de todo el grupo y les dijo: “Ustedes saben que los gobernantes de las naciones actúan como dictadores y los que ocupan cargos abusan de su autoridad”.
La hermosísima ciudad de Santiago, la segunda en importancia del país, y también la Novia del Atlántico, Puerto Plata, están separadas una de la otra por la hermosa Cordillera Septentrional, la cual le queda al Norte a Santiago, y al Sur y Sureste a Puerto Plata.
Los de Santiago y gran parte del Cibao y el Noroeste tenemos dos maneras principales de llegar a Puerto Plata y disfrutar de las hermosas playas del Atlántico. La primera es por la autopista Joaquín Balaguer y en Navarrete haciendo un giro de 90 grados hacia la derecha (si vamos de Santiago), y si vienen del Noroeste, en el mismo punto el giro es a la izquierda. Esto nos lleva directamente al mar pasando por ALTAMIRA que queda justo después del famoso Túnel (creo que el único del país). Altamira es un Municipio de Puerto Plata, y a su lado, penetrando la Cordillera Septentrional esta el Distrito Municipal de Río Grande que pertenece a Altamira.
La segunda manera de llegar a Puerto Plata desde Santiago, es tomando la carretera Luperón, que inicia en el emblemático e histórico Edificio Haché, y atraviesa la Cordillera en un recorrido hermosísimo con la Carretera Turística remosada, pasando por los Distritos Municipales de PEDRO GARCÍA y YÁSICA ARRIBA, saliendo cerca del aeropuerto de Puerto Plata.
Pues, asómbrate ahora: el Diabólico plan del Ministerio de Energía y Minas, consiste en destruir toda la montaña desde Altamira hasta Pedro García y Yásica Arriba, llevándose de paso al Distrito Municipal de SAN FRANCISCO DE JACAGUA (Los Cocos), completando así la destrucción de 4 Distritos Municipales, dos de cada provincia.
Y lo peor aún es que estos cuatro distritos, eminentemente productivos, tienen ya señalados, en el diabólico plan, un total de 80 comunidades productivas, muy pobladas y que constan con sus propios sistemas de agua potable. Aguas que salen directamente de centenares de manantiales que posee la Cordillera y que serían destruidos si las comunidades y su gente no se paran en dos pies y se ponen pantalones con ruedos anchos y pesados, y por igual las mujeres las faldas.
Entre estas comunidades sólo te menciono algunas para que te hagas una idea: Quinigua, Arroyo del Clavo, el Guazaral, Arroyo Arriba, Río Abajo, La Sabaneta, Los Lirios, Pescado Bobo, La Espensa y Palmarito, todas pertenecientes al Distrito Municipal de Río Grande. Del Distrito de San Francisco de Jacagua tenemos las comunidades de Ranchito de Piché, Piché, Palo Alto, Las Auyamas, Salamanca, Alto del Cedro, Alto Gordo, La Finca, La Manacla y Los Arroyos, entre otras. También se irían en el plan diabólico de Energía y Minas, las comunidades de El Brizón, Arroyo Prieto, Caya Quemada, El Puerto, La Altagracia, la Catalina, La Guama, La Guázara, Los Naranjos y Pedro García, que es la cabecera del Distrito que lleva su nombre. Finalmente, del Distrito Municipal de Yásica Arriba, serían destruidas las comunidades de Gurabito de Yaroa, El Puerto, El Kilómetro 30, La Cruz de Yásica, La Vereda, Los Pomos, Palo Blanco, Arroyo Ancho, La China, Tubagua y Sonador de Yaroa.
Estas son sólo la mitad de las comunidades que están en la lista negra pronta a desaparecer si permitiéramos tan diabólico plan; y las veríamos desaparecer tal como está sucediendo ahora con unas serie de comunidades pertenecientes al Distrito Municipal de Zambrana, allá en la Provincia Sánchez Ramírez, donde la Barrick Gold ha acabado con la tierra, los árboles y contaminado el agua de toda la zona no pudiéndose usar ni siquiera por las aves del cielo.
Conviene recordar en este momento, que fue Dios, el que en los versos 7 y 8 del capítulo 3 del libro del Éxodo, bajando del cielo va al encuentro de Moisés y le dijo: “He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he oído sus quejas cuando lo maltrataban sus mayordomos. Me he fijado en sus sufrimientos, y he bajado, para librarlos del poder de los egipcios”.
Nuestro Dios es un Dios liberador, que no quiere el sufrimiento de su pueblo, ni acepta que unos maltraten a otros y lo esclavicen o le quiten sus propiedades, sus frutos, sus aguas, sus tierras, sus casas, en una palabra, sus vidas.
Dios sigue bajando en el corazón de cada uno de los pobladores de estas comunidades, y como a Moisés baja a hablar con sus dirigentes y le dará el Cayado como a Moisés para que luchen a favor de sus comunidades y no permitan su destrucción.
Los 137 dirigentes que hasta ahora están agrupados en un grupo que lleva por nombre “Unidos Somos Más” recuerdan lo que dice la Palabra de Dios en el Primer libro de los Macabeos: “Es mejor para nosotros morir en la batalla que contemplar la destrucción de nuestro pueblo y de nuestro Lugar Santo” (1Mac 3, 59). Y por esta razón, buscando su valentía y las fuerzas, en primer lugar, en la Palabra de Dios han decidido darlo todo con tal de no permitir la destrucción de la Cordillera Septentrional y sus 80 comunidades señaladas en el diabólico plan.
Además, nuestra Constitución, por encima de la cual no está absolutamente nadie, dice en su Art. 15: “El agua constituye patrimonio nacional estratégico de uso público, inalienable, imprescriptible, inembargable y esencial para la vida. El consumo humano del agua tiene prioridad sobre cualquier otro uso”.
Y por si fuera poco, la misma Constitución de los dominicanos y dominicanas que habitamos esta hermosa media isla, dice en su Art. 67: “Constituyen deberes del Estado prevenir la contaminación, proteger y mantener el medio ambiente en provecho de las presentes y futuras generación”.
Así que en nombre de Dios y apoyados por la Carta Magna, la Constitución de nuestra República Dominicana en el próximo mes de febrero 2026 saldremos a las calles de Santiago y Autopista Duarte a reclamar nuestro derecho a vivir en paz, porque es mejor morir en la batalla que contemplar la destrucción de nuestras comunidades.
Ramón-Nino- Ramos, M. SS.CC.
Miembro del Grupo Sacerdotal Don Helder Cámara





