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Opinión | Miguel Ángel Cid Cid/Consultor Internacional

Cuando una bombilla encendida tiene un pestañeo se dice que esta intermitente. Pues en la política dominicana hay líderes que ejercen de manera intermitente. Nadie habló de Guillermo Moreno. Todavía.

La política es considerada una actividad a tiempo completo. Eso dicen los duchos en el ejercicio de la política. Hoy día esos veteranos dirían: la acción política requiere dedicación 24/7, a no ser que, se quiera servir como carne de cañón.

La política ejercida como oficio, por derivación, es una labor tan intensa que —en ocasiones— no deja espacio para otra actividad que esté fuera de su ámbito. Entonces, es ahí cuando se deja de ser político para pasar a convertirse en un activista pura y simple.

Atrapados en el activismo, los líderes políticos abandonan el esfuerzo por darle una dirección estratégica a sus seguidores. En ese derrotero terminan creyendo que todo lo que ellos hacen es lo que llevará el partido de su propiedad al triunfo. Craso error.  

Cuando ya la creatividad para equivocarse se agota, entonces, emprenden el camino inverso. Comienzan, en consecuencia, a caminar sobre sus propios errores.

De manera que, el párrafo anterior permite aclarar la afirmación hecha en el cierre de la entrada. Es cierto, no hablo del Dr. Guillermo Moreno, presidente del partido Alianza País. Para nada, porque desde que él pasó de fiscal del Distrito Nacional a político el desface se nota a leguas.

O sea, Moreno, al igual que su partido, son intermitentes. Es decir, salen una o dos veces por año a dar una que otra declaración pública con poca o ninguna consistencia. Eso sí, cuando se acercan las elecciones tienen que fajarse a trabajar. Tienen que hacer grandes esfuerzos para lograr una alianza rentable.

Pero las cosas suceden por algún fin, dicen los religiosos. La práctica de los guillermistas, la del exfiscal, ha estado sirviendo de ejemplo a la mayoría de las organizaciones políticas dominicanas. Sin importar que estas sean grandes o pequeñas.

Sobre todo, los partidos que una vez se gozaron el poder en demasía. Por ejemplo, el PRD y el PRSC se turnaban en el gobierno. Sin embargo, a los reformistas les tocó siempre una cuota mayor. Las dos organizaciones políticas hace tiempo que no le pegan a la bola ni con guitarra.

Como blancos y rojos cogieron la de Villa Diego, les tocó el turno a los morados. Dividieron la bóveda en dos nichos, uno morado y el otro verde. La Fuerza del Pueblo vive su muerte en el nicho verde. Los peledeístas sobreviven la suya en el morado.

El Partido Revolucionario Moderno (PRM) por su lado, anda confiado en la fuerza que da el gobierno. Ni siquiera se han ocupado de afinar su estructura electoral. Recordar a tiempo rinde sus beneficios. La confianza es peligrosa. 

Andar al revés —no como la ciguapa— sino como quien regresa a ninguna parte no es peligroso sino letal. Quizás como quien sabe que algo se les quedó en el pasado. 

Ojalá y no sea tarde cuando se den cuenta que se han convertido en partidos intermitentes. Unos resuellan semanal, mientras otros lo hacen anual. Se pone cada vez más difícil estudiar el espectro político dominicano. 

En suma, en el horizonte cercano se divisa la llegada de una nueva era en el quehacer político dominicano. La época de la dejadez llegó a la política. Guillermo Moreno, ahora, lidera el panteón para convertirse en ejemplo universal.