Los especialistas en la conducta humana coinciden en que, cuando un niño nace, demanda de tres necesidades básicas para garantizar su sobrevivencia in si tun pero que lo acamparán por el resto de su vida.
Estas necesidades son: Alimentación, sueño y amor.
Aunque no sea una necesidad tangible, no es coincidencia que, en esta clasificación, se cite el amor como una necesidad básica y primaria.
Cuando un bebe nace necesita de afectos, ya que su cerebro, su cuerpo y su forma de ver el mundo se están construyendo desde cero, y el amor (expresado como cuidado, contacto y respuesta), es lo que activa ese desarrollo.
Y es que el amor construye el cerebro.
Las caricias, contacto piel con piel, miradas, respuestas cuando llora, producen en él bebe el desarrollo de conexiones neuronales y vínculos con su cuidador primario.
La calidad de este vínculo va a depender de la disponibilidad del cuidador, presencia y respuesta (positiva o negativa) a los requerimientos del bebé.
Sin estas características, el cerebro entra en modo estrés, se afecta la regulación de las emociones y se debilitan áreas claves del desarrollo.
Desde lejos, puede verse como algo sencillo, sin embargo, crecer en ese estado de inestabilidad y ambivalencia, será determinante para en el futuro del bebé, su desempeño y conducta social.
En la República Dominicana, el panorama general sobre violencia y negligencia en el hogar, conforme estadísticas de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) y UNICEF, reflejan que al 2024: 64% de los niños, niñas y adolescentes (1–14 años) han sufrido violencia física o psicológica por parte de sus cuidadores. En edades de 3 a 4 años, esta cifra sube a 70%
Este indicador es clave porque, incluye negligencia emocional y física, además, refleja patrones de crianza donde el abandono afectivo es frecuente.
En RD, el problema no es solo el abandono “visible” (niños dejados), sino, abandono emocional normalizado, crianza basada en castigo, carencias afectivas en el hogar.
Por eso los expertos dicen que: el problema es estructural y cultural, no solo individual.
Más de la mitad de los niños en RD crecen en entornos con violencia o negligencia, mientras el abandono no se queda en la infancia. Deja huellas profundas que muchas veces aparecen en la adultez como formas de sentir, reaccionar y relacionarse.
Mientras, estos niños crecen y son forzados a madurar de manera prematura, asumiendo corresponsabilidades que no les pertenecen, y en muchas ocasiones, a pesar del abandono, son obligados a sostener vínculos parentales, aun estando los padres ausentes.
Es urgente y necesario que esta realidad sea vista, sostenida y legislada para ser controlada, si aspiramos a una sociedad distinta, porque al final, las secuelas de niños heridos y con vacíos emocionales, las cargamos todos.
Conscientes de esta realidad, en muchos países de la región así también del mundo, están evaluando consecuencias serias para los padres que incurran en abandono no solo físico, sino aquellos padres ausentes en todos los aspectos.
Es tiempo de que como sociedad se analice y otorgue la justa dimensión a este hecho, que a los padres se les establezcan límites y las sanciones necesarias cuando el bienestar de un niño se vea comprometido, a causa de abandono y negligencia de parte de sus progenitores/cuidadores.




