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Opinión | Por Luis Carvajal Núñez

Cuando Barahona levanta la voz, habla también el Suroeste profundo: habla Cabral, habla Polo, habla Paraíso, habla Enriquillo, habla La Ciénaga, habla Pedernales, habla la Sierra de Bahoruco, habla el Yaque del Sur, habla la Laguna Rincón, habla el mar cargado de sargazo, habla la tierra cansada de polvo, abandono y promesas incumplidas.

La marcha convocada para este domingo 7 no es un simple acto de protesta.


Es una advertencia ética.


Es una señal de alarma.


Es una convocatoria a defender el agua, la salud, la montaña, los ríos, los humedales, la producción agrícola, el derecho a vivir con dignidad y el futuro de una región históricamente tratada como patio trasero del desarrollo nacional.


*Barahona y el Suroeste no están reclamando privilegios. Están reclamando justicia.*


La población tiene razones suficientes para marchar.


La amenaza minera sobre zonas ecológicamente frágiles, el deterioro de cuencas y ríos, la crisis de la Laguna Rincón o Laguna de Cabral, la escasez de agua potable en comunidades enteras, el mal manejo de residuos sólidos, el sargazo acumulado en el litoral, la presión sobre áreas protegidas, la degradación de suelos y la desconfianza frente a decisiones tomadas sin verdadera participación ciudadana conforman un cuadro grave, acumulativo y peligroso.


No se trata de alarmismo.


Se trata de realidad.


Cuando una laguna pierde agua y peces, no solo muere un paisaje: se hiere el sustento de familias completas.


Cuando una montaña es intervenida sin respeto a su función hídrica, no solo se rompe una loma: se compromete el agua de los pueblos.


Cuando el polvo minero entra por las ventanas, no solo ensucia las casas: penetra la salud, la infancia, la respiración de una ciudad.


Cuando los ríos son tratados como canteras, no solo se extraen piedras: se arranca la memoria líquida que sostiene la agricultura, la biodiversidad y la vida.


*Por eso la marcha de Barahona es legítima, pertinente y necesaria.*


Es legítima porque nace de comunidades que sienten en su cuerpo las consecuencias del deterioro ambiental.


Es pertinente porque llega en un momento crítico, cuando todavía es posible detener daños mayores.


Es necesaria porque las autoridades no pueden seguir respondiendo con lentitud, silencio o discursos generales ante conflictos específicos que exigen decisiones claras, transparentes y responsables.


El Suroeste dominicano no puede ser condenado a escoger entre pobreza y destrucción ambiental. Esa es una falsa alternativa.


Ningún pueblo tiene que aceptar que le rompan sus montañas, le sequen sus lagunas, le contaminen su aire o le deterioren sus ríos con la excusa del progreso.


El verdadero desarrollo no destruye las fuentes de agua.


El verdadero desarrollo no desprecia la voz de las comunidades.


El verdadero desarrollo no convierte el paisaje en polvo ni los humedales en cementerios de peces.


El verdadero desarrollo no se impone contra la gente.


Las autoridades dicen actuar, intervenir, estudiar, regular, acompañar. Pero la población tiene derecho a preguntar: ¿dónde están los resultados visibles? ¿Dónde está la protección efectiva de la Laguna Rincón? ¿Dónde está la vigilancia rigurosa sobre las concesiones mineras?

¿Dónde está la garantía de que el agua del Suroeste será defendida por encima de cualquier interés privado? ¿Dónde está la planificación territorial seria, participativa y vinculante?


*El país debe entender que lo que ocurre en Barahona no es un problema local.*


Si se pierde el equilibrio ecológico del Suroeste, pierde la República Dominicana.
Pierde su biodiversidad.
Pierde su agua.
Pierde su seguridad alimentaria.
Pierde su patrimonio natural.
Pierde su autoridad moral para hablar de sostenibilidad.
*Barahona está diciendo algo que el país entero necesita escuchar: no hay futuro posible si se destruyen las bases naturales de la vida.*
Por eso marchar con Barahona es marchar por el Suroeste.
Marchar por el Suroeste es marchar por el país.
Y marchar por el país, cuando se defiende el agua, la tierra, los ríos, los bosques, los humedales, la salud y la dignidad humana, es marchar por la vida.
*Este domingo 7, Barahona no debe caminar sola.*
Quienes aman la naturaleza, quienes creen en la justicia ambiental, quienes defienden el derecho de los pueblos a decidir sobre su territorio, quienes entienden que el agua vale más que cualquier negocio, tienen una cita con la conciencia nacional.
Porque cuando un pueblo marcha para defender la vida, está defendiendo su destino.
*Está cumpliendo con la historia.*