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Opinión | Redacción Espacinsular

El cambio climático afecta actualmente a todo el orbe. Según el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, este fenómeno global se refiere a “cualquier cambio en el clima a través del tiempo, ya sea debido a su variabilidad natural o como resultado de la actividad humana”.

El Centro Meteorológico Mundial afirma además que desde el 2000 se han sucedido catorce de los quince años más cálidos jamás registrados, destacándose el 2014 como el de más altas temperaturas. Estos cambios han estado regidos mayormente por la actividad humana, la cual ha trastornado el “efecto invernadero” natural del planeta: un proceso a través del cual la superficie de la tierra se calienta mediante una capa atmosférica de gases de invernadero que absorben la energía solar. El dióxido de carbono representa alrededor del 60% de las emisiones globales de los gases de invernadero y se libera fundamentalmente mediante el consumo del combustible fósil, un componente importante que está relacionado directamente al sector del transporte. El sector mundial del transporte produce aproximadamente el 25% de todas las emisiones antropogénicas de CO2; el 2% de esa cifra es generado por la industria de la aviación internacional, la cual, en el 2014, produjo 688,739,000 toneladas de CO2.

La industria de la aviación reviste una considerable importancia para la región del Gran Caribe no solo debido a su naturaleza insular, sino también dado el importante papel que juega el turismo en la economía regional. A escala global, más de la mitad de todos los arribos de turistas se produce por aire y, pese a la posición cimera que ocupa nuestra región como destino de cruceros, la mayoría de los turistas llegan a esta zona por vía aérea. El turismo representa además más del 12% del total de empleos en el Caribe y alrededor del 40% de sus exportaciones de bienes y servicios con algunos países. Asimismo, se espera que el comercio aéreo entre el Caribe y Europa y América del Norte se incremente en un 3.5% y un 1.8%, respectivamente, en las próximas dos décadas. Tomando en cuenta las inquietudes planteadas a nivel mundial sobre el papel que juega la aviación en la generación de gases de invernadero, esta se ha convertido en una problemática esencial, particularmente para las pequeñas economías insulares que dependen plenamente del acceso mediante el transporte aéreo, tomando en cuenta que los cambios dentro de este sector tendrán un efecto perturbador y de envergadura en las pequeñas economías basadas en el turismo.

Si bien el crecimiento continuo previsto en la aviación regional puede ser considerado como un catalizador más del efecto de invernadero provocado por la actividad humana, es mediante el cambio climático que la industria regional de la aviación tiene la oportunidad de contribuir a la creación de un futuro sostenible para el Gran Caribe. De esta manera, la industria respalda el cumplimiento de varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible plasmados en la Agenda de las Naciones Unidas para el Desarrollo post 2015, particularmente el Objetivo 13: “Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus repercusiones”. Tras la Cumbre sobre el Clima 2014 de las Naciones Unidas, la Organización de la Aviación Civil Internacional de la ONU (OACI) colaboró con el Grupo de Acción sobre el Transporte Aéreo en el establecimiento de un Plan de Acción de la Aviación, a ser implementado por sus Miembros, incluida la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Transporte Aéreo. El principal objetivo de este plan, que aún no se ha finalizado, es reducir el volumen neto de emisiones de CO2 de la aviación para el 2050, mediante varias acciones, entre ellas la creación de un estándar de carbono en la eficacia del consumo de combustible y diseño de los aviones,  producción de combustibles alternativos sostenibles, fortalecimiento del fomento de capacidad dentro del sector de la aviación y logro del Plan Mundial de Navegación Aérea 2013-2028. La actividad dentro de la industria global de la aviación ha contribuido también al desarrollo de iniciativas en materia de aviación que no afectan al medioambiente, como es el Plan de Ahorro de Combustible y Reducción de las Emisiones de Trinidad y Tobago para la Región de Información de Vuelo de Piarco, inspirado por el Convenio sobre Aviación Civil Internacional y el Plan de Acción de Centroamérica para la Reducción de Emisiones provenientes de la Aviación Civil Internacional.

Si bien es cierto que se impone tomar acciones tomando en cuenta el papel que juega la aviación como fuerza rectora del cambio climático, la política internacional de precios sobre el fenómeno climático supone un riesgo económico inmediato para el turismo regional, ya que se prevé que las políticas diseñadas para mitigar las emisiones de GEI tengan un impacto reductor importante en el transporte aéreo de largas distancias. El Gran Caribe, junto con otros destinos que dependen también de los servicios aéreos de vuelos de larga distancia para respaldar sus industrias turísticas, ha manifestado su preocupación por el impacto que ello tendrá en el turismo vacacional y los arribos de turistas. Un estudio de caso sobre Jamaica reveló la vulnerabilidad de determinados segmentos del mercado ante los aumentos de los precios relacionados al clima en cuanto a los costos del transporte aéreo, reforzando las implicaciones económicas de una disminución en el crecimiento de los arribos de turistas.

A escala internacional, dadas las inquietudes sobre el cambio climático, algunos países han intentado reducir las emisiones provocadas por la aviación mediante la implementación de esquemas de límites de emisiones, como el Sistema de Comercio de Emisiones de la Unión Europea para la aviación. Ello, sin embargo, ha sido recibido con resistencia, una vez que la política de precios por sí sola no puede reducir significativamente las emisiones sin herir las economías vulnerables. La Unión Europea decidió entonces suspender temporalmente su Sistema de Comercio fuera de la zona de la UE. Como resultado, durante su XXXVIII periodo de sesiones de la Asamblea, celebrado  en el otoño de 2013, la OACI estuvo de acuerdo en el desarrollo de una medida global de mercado para contener las emisiones de carbono de las líneas aéreas, a lo cual se le darán los toques finales en la venidera Asamblea de la OACI en el 2016, para ser implementado con vistas al 2020. Probablemente lo que ha contribuido al retroceso a favor de otros mecanismos es el hecho de que las emisiones provocadas por la aviación internacional caen fuera del ámbito de la jurisdicción de un solo país, convirtiéndolos en objetivos fáciles para el comercio. Pese a la ausencia de reducciones directas de las emisiones, regidas por precios, la regulación de la aviación pudiera tener un efecto indirecto considerable en materia de mitigación. Los límites en cuanto a las emisiones en la aviación pudieran enlazarse a compensaciones o comercios con otros sectores, dado que la disminución de las emisiones provocadas por la aviación mediante una política directa de precios puede resultar costosa, por lo cual el sector pudiera comprar medidas de mitigación más baratas en otros lugares a través de un mecanismo flexible de mercado. Un aspecto que pudiera merecer consideración por parte de las economías regionales es la perspectiva de que la única opción realista para limitar las emisiones provocadas por la aviación en el futuro cercano será probablemente mediante el uso de compensaciones de carbono. Tomando en cuenta que el sector de la aviación requeriría probablemente de una cantidad sustancial de compensaciones para poder cumplir con el objetivo de neutralidad en el uso de carbono, ello no puede ser considerado como una solución final, ni tampoco alejar el énfasis en el propósito de reducir las emisiones. No obstante, hay una fuente de compensaciones que se muestra particularmente prometedora para la región que depende del turismo, y esta es la Reducción de las Emisiones debidas a la Deforestación y la Degradación Forestal (REDD, por sus siglas en inglés). Considerando el nivel de deforestación en la región del Gran Caribe, si estas compensaciones están relacionadas al elemento forestal, existe la posibilidad de generar beneficios sustanciales en cuanto a la biodiversidad, que desemboquen en ganancias para el turismo y para la aviación por igual.

No obstante, la ejecución de esquemas de comercio no cursa sin retos. Hasta la fecha, pese a algunos esquemas de comercio para el uso de carbono como REDD+Investment Fund de Guyana, Wigton Windfarm y Eco-Tec en Jamaica, el comercio de carbono no ha logrado un puesto importante en la región, debido ostensiblemente a las dimensiones del país, el costo para el desarrollo y la complejidad de la metodología. Los Esquemas REDD han batallado para encontrar un financiamiento adecuado en los mercados de carbono, ya que la gobernabilidad resulta difícil dados los requisitos específicos para el monitoreo y la permanencia de estos proyectos. Sin embargo, se aparecen nuevas iniciativas que están siendo consideradas. Por ejemplo, en Costa Rica el Gobierno está ofreciendo a los turistas que visitan el país, los medios voluntarios para compensar las emisiones de sus vuelos, contribuyendo a la protección de sus bosques.

El cambio climático es una nueva realidad estratégica para los que toman decisiones en el campo político y comercial dentro del sector turístico. En la medida en que continúan avanzando los nuevos marcos políticos internacionales para la gestión de las emisiones de los GEI relacionados al uso de combustibles, se requerirá de investigaciones más profundas para poder entender las implicaciones de los riesgos a más largo plazo para el desarrollo del turismo en el Gran Caribe. Tomando en cuenta las numerosas medidas tomadas para combatir el cambio climático a nivel de las organizaciones internacionales y regionales de la aviación, el diseño de un futuro sostenible para la resistencia de la región ante el cambio climático demanda una acción adicional a escala local. Las campañas de educación y concienciación pública sobre el cambio climático resultan vitales y tienen que hacer énfasis no solo en la huella de carbono que cada pasajero aéreo deja tras de sí, sino también insistir en el papel clave que la industria de la aviación juega como catalizador del cambio climático. A la larga, por su parte, se necesitarán soluciones técnicas para reducir las emisiones en la fuente misma. Sin embargo, las posibilidades de alcanzar beneficios sustanciales mediante la elección cuidadosa de compensaciones forestales para contribuir a lograr los objetivos de las emisiones en el campo de la aviación, es una oportunidad que bien vale la pena explorar a cabalidad, especialmente para las economías impulsadas por el turismo.

 

George Nicholson es el Director de Transporte y Reducción del Riesgo de Desastres y Rachael Robinson es la Asistente de Investigación de la Dirección de Transporte y Reducción del Riesgo de Desastres de la Asociación de Estados del Caribe. Las preguntas o comentarios pueden ser enviados a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.