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Opinión | Profesora Rosario Espinal/analista social

Este país vive de engaño en engaño, de chapucería en chapucería, de irrespeto en irrespeto. Uno de los más recientes fue la aprobación al vapor la semana pasada, en dos lecturas sorpresivas y consecutivas, del proyecto de Código Penal en la Cámara de Diputados.

De un porrazo, los legisladores borraron las tres causales en que se permitiría claramente el aborto: cuando peligra la vida de la madre, en caso de violación o incesto, y cuando hay malformaciones que impiden la vida. Dejaron de manera tímida y difusa la posibilidad de interrupción cuando va a morir la madre.

¿Es alas de cucarachas que tienen estos diputados en la cabeza? ¿No pensaron en los derechos de las mujeres? ¿No tomaron en cuenta el veto del presidente Danilo Medina en 2014 por ese tema, y que la misma Cámara aprobó? ¿O es que cambió de opinión el Presidente, y por ende, los diputados?

Una hazaña de este proyecto de Código Penal es que eleva las penas máximas de 30 a 40 años, y las penas acumuladas a 60 años. Supuestamente, esta medida ayudará a enfrentar la criminalidad. Pero si 30 años no disuadieron a los grandes criminales, ¿se asustarán con 40 o 60? Lo dudo.

Pocos condenados en este país llegan a cumplir 30 años y muy pocos cumplirán 40 o 60, porque hay muchos trucos para salir pronto de la cárcel, sobre todo, si hay alcurnia política o económica.

En vez de 40 años de cárcel, un número más llamativo hubiese sido 100. Por ejemplo:

100 años de cárcel para todos los políticos corruptos que tienen este país sumido en la pobreza y la desorganización. Ahí caben políticos de todos los partidos y partiditos, del gobierno y la oposición. Porque a decir verdad, es patético ver políticos desfalcadores en un gobierno pedir transparencia cuando dizque pasan a la “oposición”.

100 años de cárcel para todos los policías y guardias que sostienen con las armas el sistema corrupto que impera por doquier, desde la frontera hasta un callejón barrial. Ellos amparan la economía ilícita de la prostitución, la trata humana, el narcotráfico y micro-tráfico. Viven cómodamente del cobro de peaje.


100 años de cárcel para los artífices de un Código Penal que obliga una mujer violada a concluir un embarazo. A esas mujeres, el Código las condena a vivir eternamente con el producto de esa violación criminal, porque si intentan un aborto, irán a la cárcel, como si la violación no fuera castigo suficiente para ellas. Y a los curas y pastores que activamente promueven la penalización total del aborto, si no en la tierra, el mismo Dios les pasará factura, porque hasta el Todopoderoso dirá: ¡cuánto sadismo!

100 años de cárcel para todos los hombres irresponsables que embarazan mujeres jóvenes a diestra y siniestra, algunos incluso las violan (hasta padres a hijas), porque aquí los hombres mandan y remandan. Por eso, matar o violar una mujer es asunto cotidiano. Ahí están los feminicidios. Por eso, violar el derecho a la vida de las mujeres es atribución del Congreso Dominicano.

La lista de condenables a 100 años de cárcel en este país es más larga, pero el espacio disponible para este artículo se acaba.
Punto final: no importa lo que diga el nuevo Código, aquí no van a condenar ningún político criminal ni a 60, ni a 40 años, porque la impunidad es la ley. Y las mujeres pobres (niñas, jóvenes y adultas), que viven las penurias de la miseria, padecen más que nadie el omnipresente dominio machista familiar, religioso y gubernamental.