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Opinión | Redacción Espacinsular

La problemática del agua es un tema muy sensible para el país y así mismo lo ha asumido la Academia de Ciencias de la República Dominicana, ACRD escogiendo este número de VERDOR, su revista ambiental, para dedicárselo a la Cordillera Central “Madre de las Aguas”; con el evidente propósito de resaltar su importancia y su trascendencia para el desarrollo en las dos naciones que conforman La Hispaniola y las amenazas que se ciernen sobre ella.

Más que una edición especial, la Academia de Ciencias ha preparado un verdadero testamento que ilustra con lujos de detalle, la base de recursos naturales en la que descansa el porvenir de la república Dominicana, no solo para llamar la atención de las instancias del poder político de la nación, sino, para despertar una conciencia ciudadana, enfocando la realidad desde el ámbito de la ciencia.

El agua es nuestro oro y el principal activo para el desarrollo sostenible del país y su principal reserva está en la Cordillera Central. Eso debe saberlo todo dominicano, desde el Presidente de la República, hasta el más humilde ciudadano que habita en el rincón más escondido de nuestra geografía

La Cordillera Central es un sistema montañoso único en la región caribeña, con aproximadamente 200 kilómetros de largo por 100 km de ancho, con un perímetro que ronda los 20,000 kilómetros cuadrados. En donde se yergue de manera majestuosa la elevación más alta de las Antillas, el Pico Duarte,  con 3,085 msnm, denominado por algunos autores como el “Techo del Caribe”. 

La importancia de la Cordillera Central, desde el punto de vista ambiental como se precisó anteriormente, es inconmensurable, lo que se puede aquilatar con la existencia en ella de dieciocho Áreas Protegidas, entre las que se destacan, los principales Parques Nacionales y Reservas Científicas, como son: el Parque Nacional Armando Bermúdez, el Parque Nacional José del Carmen Ramírez, El Parque Nacional Valle Nuevo, la Reserva Científica Ébano Verde, el Parque Nacional Montaña La Humeadora, el Parque Nacional Padre Luís Quinn, la Reserva Científica Las Neblinas, el Parque Nacional Nalga de Maco, el Parque Nacional Francisco Alberto Caamaño Denó, el Parque Nacional Manolo Tavárez Justo, el Parque Nacional Piki Lora, el Parque Nacional Baiguate y la reserva Científica Loma Barbacoa, entre otras.  Conservándose en ellas más del 60% de la flora de República Dominicana.

Tristemente, pese a su extraordinario valor son muchos los daños grandes y pequeños que ha sufrido por años y de manera descarnada el principal sistema montañoso de la región de las Antillas; estos se resumen de la manera siguiente: otorgamiento de permisos de exploraciones y explotaciones mineras, autorizaciones de canteras de agregados sin ningún criterio y control, trazados de carreteras y caminos vecinales sin planificación ni estudio de factibilidad y utilidad de las mismas, deforestación, incendios forestales intencionales y accidentales, proyectos de explotación forestal en bosques naturales, bajo el argumento de planes de manejo,  asentamientos agropecuarios en zonas críticas de forma autorizada, colocación de antenas en la cúspide de montañas, uso de pesticidas en amplias zonas cordilleranas, introducción de especies exóticas, ya naturalizadas e invasivas, agresiones y daños considerables a sus áreas protegidas, entre muchos otros impactos.