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Opinión | Redacción Espacinsular

La Policía Nacional y el Ministerio Público se presentaron, aquí en Santiago, el pasado 29 de enero, al Bulevar de los Artistas. Con excavadoras, y toda la parafernalia para la ocasión, comenzaron a destruir pilotillos y adoquines de la vía peatonal.

Los vecinos no pudieron decir nada. No porque eran mudos, sino porque no podían creer lo que justo estaba pasando frente a sus ojos. Las autoridades alegaban, a los que se atrevieron a preguntar, que el Tribunal Constitucional, mediante sentencia, había ordenado despejar la vía para el tránsito de vehículos y estacionamientos. 

El alcalde de la ciudad, Abel Martínez, de inmediato se desvinculó de la acción anticultural y la calificó de vandálica. Para que nadie tuviera dudas, el Alcalde convocó de urgencia el Concejo de Regidores del Ayuntamiento para el jueves 30 de enero para darle salida al conflicto. En la sesión extraordinaria de ese jueves 30, los regidores decidieron restablecer el Bulevar de los Artistas. Y más, decidieron ampliar el tramo peatonal de la calle Benito Monción hasta la calle El Sol. 

Y es que la promoción del arte y la cultura en la mayor parte de los países tercermundista, más en República Dominicana, es visto con sospecha por los organismos del Estado. 

Sin embargo, en la generalidad de las ciudades centenarias de América, existe un centro histórico, alusivo a los orígenes de las respectivas urbes. Se puede visitar Cartagena de Indias, en Colombia; En Panamá encontramos a Porto Belo; en Cuba es famosa la Habana Vieja, entre otras muchas. En cada caso, estos centros urbanos datan de los tiempos de la colonia y por tanto son cuidados con esmero por los gobiernos.

El uso de estos espacios es diverso. Allí convergen arquitectos, ingenieros, cientista sociales y artistas de las diferentes manifestaciones del arte. Los museos y centros culturales abundan en estas viejas ciudades. Incluso, a una parte de ellas la Unesco les ha dado categoría de “patrimonio arquitectónico e inmaterial de la humanidad”. La ciudad Colonial de Santo Domingo se cuenta entre ellas. 

Yo pregunto, con todo respeto, ¿acaso el Centro Histórico de Santiago de los Caballeros es menos histórico que los ejemplos citados?

El asunto del Centro Histórico de Santiago no puede ser reducido a evaluar si es menos o más histórico que otros centros similares en el área. Lo que sí se puede ponderar es la escasa atención que los gobiernos le ponen al cuidado del patrimonio arquitectónico de Santiago. 

Los centros históricos citados gozan de múltiples espacios de promoción cultural y de arte. En Santiago acontece todo lo contrario. Los espacios culturales y artísticos están siendo sacados del Centro Histórico. Sobreviven en el área el Palacio Consistorial y el Centro de la Cultura, ambos medio muertos por falta de atención. Casa de Arte, la emblemática Avant Art institución cultural, apenas respira.  

La escuela de Bellas Artes nos brinda una privilegiada perspectiva de lo que se pretende hacer hoy. En los años 80 del siglo XX, Balaguer la sacó de la casona en que funcionó desde sus inicios para dar paso a la construcción del Centro de la Cultura de Santiago y la reubicó en la calle General Cabrera, detrás de la Catedral. Tiempo después, la escuela fue desalojada, e instalada en la Av. Juan Pablo Duarte, próximo al Ayuntamiento local. La nueva expulsión se debió a que el gobierno de turno donó la edificación colonial donde funcionaba la escuela de Bellas Artes al Arzobispado de Santiago.

Resulta inexplicable la destrucción del Bulevar de los Artistas. Porque el periódico Diario Libre informó, el 5 de febrero, que el Tribunal Constitucional desmiente que haya ordenado la destrucción del Bulevar de los Artistas. “El comunicado, dirigido a la comunidad jurídica y la sociedad en general, se refiere a la sentencia TC/0222/18, que responde a un recurso de revisión de la sentencia de amparo interpuesto ante el que buscaban el restablecimiento de la circulación vehicular por la calle Benito Monción”.

Aclara que en la citada sentencia, “el TC aclaró que solo determinó remitir el asunto a otra jurisdicción, sin otorgar ganancia de causa  a ninguna de las partes involucradas” señala el TC vía Diario Libre.

Ahora que el TC y el Ayuntamiento se desvinculan del acto vandálico, ¿qué pasará con los responsables de semejante arbitrariedad?

¿Actuaron los policías, el Ministerio Público y la dependencia de Obras Públicas en Santiago por su cuenta? ¿Hubo grasitas de por medio?

¿Cuáles intereses movieron la voluntad dañina de varias dependencias estatales a cometer el acto de destrucción sin percatarse de la falsedad de la sentencia?

Santiago espera la respuesta.

Mientras tanto, me apunto con Joaquín Sabina.