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Opinión | TAHIRA VARGAS GARCÍA

En diálogos informales con mujeres residentes en barrios marginados y comunidades rurales, he recibido sus preocupaciones ante el anuncio del presidente Luis Abinader sobre el nuevo año escolar y la modalidad de educación virtual. Uno de sus relatos:

“Yo trabajo el día entero limpiando en casa de familia y tengo 4 muchachos. Soy una madre soltera.

Cuando estaba la escuela me quedaba tranquila, yo los recogía en la escuela a las cuatro de la tarde cuando salía de trabajar y me lo llevaba a la casa.

Ahora no van a la escuela, se quedarán en casa solos y tengo que trabajar. No sé qué voy hacer, me estoy volviendo loca con eso.

No puedo pagar una gente que me lo cuide y mis muchachos se van a quedar solos con computadoras. Tengo miedo de que un muchacho me lo malogre un tiguere por una computadora”.

Este es el relato de una madre con familia monoparental, como muchas del país. Ella trabaja todo el día fuera de su casa como empleada doméstica. La escuela funcionaba como el espacio no solo educativo para ella y muchas familias sino también de protección y cuidado de sus hijos e hijas. La ausencia de escuelas deja a una parte importante de las poblaciones infantiles y adolescentes solas en sus hogares sometidos a diversas situaciones de riesgo de abuso sexual, explotación sexual comercial y trabajo infantil.

Muchas familias prefieren que sus hijos e hijas estén trabajando donde “pueden estar más seguros” a que estén en las residencias solos y solas.

Ahora con la nueva situación de una educación virtual en la que el estudiantado recibirá dispositivos electrónicos se le agrega otro factor de riesgo, su seguridad. El miedo al robo de dispositivos electrónicos puede ser la preocupación de muchas familias. Se alegran de que tengan los dispositivos, pero se cuestionan ¿Qué puede pasar mientras están solos y solas en el hogar recibiendo las clases?

Se necesita que inicie el año escolar y se desarrollen los procesos educativos para toda la población estudiantil del país. Hay que reconocer que la realidad de familias en estratos medios que pueden pagar una persona que sea responsable del cuidado de sus hijos e hijas es diferente a la de los estratos pobres en donde no se cuenta con ello.

A lo que se le agrega el que esta población contará con dispositivos que los expone a un mayor riesgo de violencia y hurto. Se hace necesario establecer consultas comunitarias y familiares sobre esta realidad en la que converjan los gobiernos locales para establecer medidas y alternativas de monitoreo y protección a la niñez y adolescencia.