Estamos acostumbrados a decir “año nuevo, vida nueva”, y seguimos igual o peor… Ya, ahora, tenemos la oportunidad de cambiar. Estamos iniciando un año.
El 2017 es un año que promete mucho para nosotros si de verdad ponemos de nuestra parte. Tengamos los años que tengamos no importa. Siempre podemos comenzar. Esa es una de la riqueza grande y buena del ser humano: “poder comenzar”…
Hemos visto que somos un “cuerpo espiritual”; hasta a finales del año pasado hablábamos del “espíritu” como si fuera algo extraño a nosotros, a mí. Sin embargo, vimos que así como el cuerpo tiene tres componentes: cabeza, tronco y extremidades; la persona tiene cinco: la vida, la fe, la racionalidad, la afectividad y las relaciones. Vamos a continuar analizando la vida. Mi vida; para ver cómo puedo fortalecerla, cuidarla y saber actuar porque “la vida no termina, se transforma…” El cuerpo solo llega hasta la tumba.
Nadie ha escogido nacer. Ni ha escogido a sus padres. Pero tampoco ha escogido lugar. Así que podemos decir que la vida es un regalo. Una donación. Porque yo no me he dado la vida, ni otro como yo tampoco me la puede dar. Así que Alguien diferente a mí y a nosotros ha intervenido en hacerme y hacernos partícipe de la vida.
Si nos fijamos bien, vemos que la vida es donación, racional, única, irrepetible, igual, diferente, libre. Estas características no me las doy yo mismo ni otro igual que yo. Podemos estar seguros que somos lo visible de ese Ser Trascendente que nos hace partícipe de la vida. Porque somos un cuerpo espiritual ya que podemos relacionarnos con otro como yo de una manera continua y le llamamos amistad; y también podemos relacionarnos con ese Ser Trascendente y nos da un estilo de vida que genera un personalidad y nos hace: El Siervo/Servidor… Is. 42,1-9,
Una vez que nos encontramos con vida (YO) me relaciono con otro (YO), que también aparece con vida. Esa relación de YO a YO me da identidad; somos iguales. Y para diferenciarlo de YO le llamo TÚ. Somos diferentes.
También podemos relacionarnos de YO a TU; es decir, como diferentes que somos, hombre/mujer. Esa relación me da un compromiso. Formamos una comunidad: compartimos la vida y comunicamos vida. Lo humano se hace Divino porque colaboramos con el Ser Trascendente, nosotros ponemos el cuerpo y Él pone el espíritu en la nueva criatura. Somos un cuerpo/espiritual. Surge la Comunidad Familiar.
Pero así como me entrego a un TÚ, también puedo entregarme a todos y a todas para ofrecerles un servicio solidario. Así lo Divino se hace humano. Esa entrega al servicio de la humanidad no es exclusiva mía, sino cualquier hombre o mujer puede ser invitado o invitada por el Ser Trascendente a vivir en esa entrega de servicio solidario. Así surge la Comunidad Apostólica. Yo y Tú podemos consagrar la vida y vivirla en la Comunidad Familiar o vivirla consagrada en la Comunidad Apostólica. El matrimonio y la Vida Religisa son dos formas, modos, maneras de vivir la vida como “sacramento”. Es decir, como, signo de la presencia, en la humanidad, del Ser Trascendente, de Dios. Las personas somos lo visible del Ser Trascendente y lo visualizamos con nuestra figura y nuestros hechos.
Como hemos visto, la persona, el otro, el yo y el tú somos sagrados. Somos lo visible de lo divino. En cada uno “hay un chin de Dios”. Ahí está la raíz de la dignidad humana. Somos hecho a ”imagen de Dios”, Gen. 1,26 En ese sentido la violencia, el mal trato al otro no debe existir. Debemos cuidar, defender, proteger al otro. La vida, sea cual sea su manifestación: vegetal, animal, humana es la expresión más concreta, visible y definitiva de la Divinidad. Digo humana como último porque así lo demuestra el proceso evolutivo…
Hemos dicho que somos “un cuerpo – espiritual”. Es decir, que tenemos una doble necesidad: fortalecer el cuerpo y fortalecer el espíritu. Fijémonos que para fortalecer el cuerpo quien enseña a la madre a realizar esta tarea es la criatura que nace. Sí. Pues esa criatura que nace es capaz de llorar cuando tiene hambre; llora cuando siente algún dolor; llora cuando se ha hecho pipí y cuando tiene sueño. Este lenguaje es entendido perfectamente por la madre y se fortalece el cuerpo. Más tarde se fortalecerá él mismo y será capaz de alimentarse con el pan de la enseñanza.
Estamos conscientes de que el cuerpo tenemos que alimentarlo con el “pan material y con el pan de la enseñanza”; en esta tarea no podemos descuidarnos. Y el espíritu? Se mantiene solo? Cómo se fortalece? Bueno, todo no se puede decir de un tiro. Será en la próxima entrega que hablaremos de cómo alimentar el espíritu.







