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Entre tú y yo… | P. Regino Martínez Bretón, sj

La cultura de la Debilidad Solidaria Asumida libremente me da una dinámica vital que me fortalece para toda la vida, me lleva a querer al otro como a mí mismo. Aquí está el desafío de la Nueva Sociedad: Aportar cada uno lo mejor de sí en coordinación con el Otro para beneficio de todos. La ganancia está en lo que doy, no en lo que acumulo…

La cultura de la Debilidad Solidaria Asumida libremente me hace consciente de que beneficiando al Otro es como yo me beneficio y nos beneficiamos; así hacemos presente el Reino de Dios, que repolla en la comunidad de evangelizadores y en cual sea la comunidad…, porque la comunidad es donde vivimos todos y todas en paz, en armonía, respeto, justicia, igualdad, equidad; donde lo que hay da para todos y todas. Lo tuyo es mío y lo mío es tuyo. Se genera una nueva humanidad: convivencia humana, que hace presente el Reino de Dios, dadas las limitaciones humanas se hace presente el “sí, pero no…”.

La cultura de la Debilidad Solidaria abarca todo lo que hago en la cotidianidad, me da un estilo de vida y define en mí una personalidad EL SERVIDOR, LA SERVIDORA DE TODOS Y TODAS (San Ignacio llama a este estilo “contemplación para alcanzar amor…”).

La actitud de El Servidor/a hace que aparezca también un poder al servicio de los empobrecidos, empobrecidas, tanto a nivel personal como comunitario. Es por eso, que a Jesús lo querían hacer Rey; sin embargo, él no aceptó porque su Reino no es como el de los que se hacen dueños de los bienes que administran (Mc.10, 42-45); Jesús nació pobre, vivió pobre y murió solamente con lo que tenía puesto: su túnica… Y nunca le faltó nada. Jesús es prototipo de la cultura de la “Debilidad Solidaria Asumida”… Y tú? Y nosotros?…

El mundo está salpicado de locos…, semillas para una tierra nueva y un cielo nuevo… Los beneficiarios, quienes crean y asuman las enseñanzas de quienes hayan asumido la Debilidad Solidaria, esos serán los dueños/administradores, docentes en los colegios, universidades, asilos, orfelinatos, ONGs y obras de servicios ofrecidos a los empobrecidos y empobrecidas en la Nueva Sociedad. Así la Providencia no será exclusiva de las aves y las flores del campo… Lc.12, 22-31…

Cuando los Evangelizadores se apropian de los medios de evangelización adquirimos seguridad, nos instalamos y nos hacemos dependientes de los Gobiernos y los ricos, quienes nos financian los servicios que ofrecemos como ”Agentes Evangelizadores”; así nos alejamos de la Debilidad Solidaria Asumida y nuestra misión queda mutilada… Y al pasar años y más años nos acostumbramos a la seguridad, que empolva el Valor Originario personal e institucional…; y confundimos los perfiles de                 Docente y Gerente de Obras con Evangelización…

La Iglesia y la Vida Consagrada, identificadas por la DSA, no necesitan de cantidad de personas ni de abundancia de dinero, sino que lo que hace falta es un personal de calidad. La cantidad de personas consagradas y el dinero son necesarias para administrar las obras de servicios financiados asumidas, hasta ahora, por los consagrados/as (Religiosos/Religiosas + Eclesiásicos); así llegamos a legitimar la violencia institucionalizada en la sociedad y a los Gobiernos de turno en un Estado de Corrupción e impunidad y no Estado de Derechos. Esta es una enseñanza de la Covid-19…

El anuncio profético de “La Palabra” se multiplica dependiendo de la coherencia y fidelidad al mismo anuncio que se hace por quienes lo hacemos. Jesús decía y hacía lo que decía y recriminaba diciendo: “hagan lo que dicen; pero no hagan lo que hacen “Mt. 23 1-12.

Si la Covid-19 nos ha desnudado tengamos la valentía de no ocultar nuestras miserias con discurso para monitorear a otros y disimular nuestro quehacer asentado en propiedades y privilegios que nos dan seguridad y anula nuestra Debilidad Solidaria Profesada…, y generamos legitimaciones de estructuras violadoras del sentido de humanidad en una sociedad super/moderna y cientificada para un grupito de humanos…

Lo nuestro no es el uso de recursos tecnológicos para la socialización del evangelio (evangelización), sino el que las causas que asumamos, en defensa del empobrecid@, sean asumidas por los medios virtuales usados por los jóvenes, los   ss comunicadores sociales, redes sociales, empresarios, científicos, políticos, economistas, culturólogos y transmitan una vida nueva a la sociedad teniendo en cuenta nuestras enseñanzas, denuncias y renuncias vividas desde la Debilidad Solidaria Asumida al estilo de Jesús.

Jesús nos ha enseñado el camino de cómo evangelizar. Jesús vivió, habló e hizo. No disimulemos; veámonos a nosotros mismos; la Covid-19, venga de donde venga, nos habla claro recordándonos nuestra Misión encomendada por Jesús. No hay peor ciego que el que no quiera ver!!! Estamos a tiempo…

Las enseñanzas aprendidas tenemos que iniciar su práctica inmediatamente para que no se nos olviden: veamos cómo la Covid-19 ha despertado la solidaridad al nosotros hacer consciente nuestra seguridad financiada y distanciada de los empobrecidos…

Veamos cómo hemos recuperado la oración personal, familiar y comunitaria…, relegadas por las prisas individualizantes.

Tanto tiempo de ocio al inicio de la Covid-19, recordemos las cuarentenas y e1 toque de queda nos hicieron redescubrir lo formativo de la lectura, lo que no aprendimos en la escuela, en la universidad o en la vida…, está a nuestro alcance dedicando tiempo a la lectura continuada y a la reflexión compartida.

Una pequeñez microscópica nos hace temblar y nos hace ver la fragilidad de la vida, tanto la del que más tiene como la del más débil e indefenso!!!  Somos iguales y las diferencias nos complementan. Somos lo visible de Dios. Tú sin mí? Yo sin Ti?  Qué soy?…

Covid-19, tiempo de gracias. Gracias diversificadas, que si las ponemos al servicio del otro, de arriba hasta abajo en la escala social, nos engrandecemos todos. Hacemos presente el Reino de Dios, aquí y ahora. Y para después la Plenitud de vida. Oigamos a Jesús de Galilea, que nos dice: “vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlos mis discípulos…”   (Mt.28, 18-20).