Para mi padre Jacobo Julio Jose Antonio Azcárate García, asturiano de Trubia.
Para Víctor Azcárate y Jesús Suárez López que me enseñaron a “frecuentar el futuro”
“Se me ha perdido el mundo y no sé cuando comienza el tiempo de empezar de nuevo”
Jose Emilio Pacheco. “Islas a la deriva”, 1973-1975
Maria Miranda Gutiérrez, 80 años oriunda de Aces en Candamo-

Lugar: Aces (Candamo)
Narradora: María Miranda Gutiérrez, 80 años.
Grabación: Jesús Suárez López (2004).
“Y ahora en vez de vivir el presente yo estoy en el pasado, recordando todo aquello que viví y yo me pregunto como pudimos aguantar todo lo que aguantamos”.
El 14 de julio recibí un pedido de amistad desde Asturias. Lo confirme y encontré la amistad de Jesús Suárez López coordinador del Museo del Pueblo Asturiano.
Entre los materiales escuche el testimonio oral de una anciana que me puso a llorar. Pensé en mis muertas. Las argentinas y las españolas.
Pensé en esa cuota de dolor que llevan todas las mujeres en cualquier lugar del planeta, no importa de qué país provengan, a que clase social pertenezcan ni a qué momento histórico representen.
Son todas sin discusión unas mujeres heridas por el régimen patriarcal.
El 24 de junio del 2016, el mundo despertó con la noticia de que había sido votado masivamente el Brexit en Inglaterra y que el Reino Unido se iba de la Unión Europea.
Lo que me llamo la atención fue la masiva protesta de la mayoría de jóvenes que reclamaban a sus mayores, exiliarlos del mundo, separarlos y marginarlos de millones de personas en el continente europeo.
Lo que surgió como una ola incomprensible y enorme era el egoísmo de los viejos, la solución para los miedos de gente que nació hace sesenta o setenta años, que somos el producto del baby boom de la postguerra, de un mundo de apocalipsis que para esa generación se resolvió.
Pero los viejos ingleses pensaron en sus antiguos miedos.
No se les ocurrió que a lo mejor, el tiempo de ellos había pasado, como esa frase tan hermosa que le dijo Margaret Trudeau a su hijo, recién electo premier canadiense: “Mi tiempo ya paso”.
Eso dijo la roquera canadiense, esposa de Premier Pierre Trudeau cuando ella era hermosa, joven y enamorada, nacida en 1948, en Canadá.
Como en bandolera los recuerdos se me vinieron encima, llegaron trozos de esos textos hermosos, sentidos, preliminares.
Sí, me acosaron, como si la premura por comprender a nuestros jóvenes me hiciera buscar en la literatura que venía de muy atrás, ese “frecuentar el futuro” del viejo periodista portugués y no sé porque se me agrando la imagen del viejo portugués y busque el libro de ese “Sostiene Pereira”, que es la novela más hermosa y sentida de Antonio Tabucchi.
Es la reflexión de un anciano periodista, en un momento trágico en la Europa, de 1938, que comprende que es a través de los jóvenes que él puede seguir con su vida y cambiarla y que es a través de ellos que él puede tener esperanza y sobre todo tener una muerte digna.
Tuve una necesidad física de escribir a mano pedazos de ese libro que me iluminaba mi vida de anciana mujer de casi setenta años en el 2016.
“(…) Sin embargo yo me siento distinto desde hace algunos meses, confeso Pereira, pienso cosas que nunca había pensado, hago cosas que nunca había hecho.
Te habrá pasado algo, dijo el padre Antonio.
He conocido a dos personas, dijo Pereira, un chico y una chica, y quizás he cambiado al conocerlos.
Eso suele ocurrir, dijo el padre Antonio, las personas nos influyen, suele ocurrir. No sé cómo pueden influirme, dijo Pereira, son dos pobres románticos, sin futuro. En todo caso tendría que influirles yo a ellos, yo les ayudo, es más, al chico , prácticamente lo mantengo yo, no hago más que darle dinero de mi bolsillo, le he contratado como ayudante, pero no escribe un solo artículo que sea publicable”.

(…) “Pero ahora estoy algo confuso y además, por más que sea periodista, no estoy informado de lo que pasa en el mundo, ahora estoy algo perplejo”.
(…) “Pues búsquelo, replico el Doctor Cardoso, búsquelo, señor Pereira, el es joven, aunque escriba articulos que no pueden publicarse en el periódico, deje ya de frecuentar el pasado, frecuente el futuro”.
¡" Que expresión más hermosa, dijo Pereira, “frecuentar el futuro”, no se me había ocurrido nunca.”
(…) “¿Quien ha dicho que este país está hecho para usted? Y además está lleno de recuerdos, intente tirar por el desagüe su super ego del espacio a su nuevo yo hegemónico, tal vez posamos vernos en otras ocasiones y usted sea un hombre distinto”
(…) “Dele espacio a su yo hegemónico, déjelo ser, necesita nacer, necesita afirmarse”
Hasta que el 14 de julio en la madrugada soñé con Juan Gil, “el niño de la guerra”, que en el año 2008, en el AGN me conto que un 14 de julio de 1939, el cruzo los Pirineos de la mano de su madre en busca del padre preso en el campo de concentración de Gurs por ser aviador de la República.
Algo me decían los míos, desde Asturias porque a las 2:49 de la madrugada llego un correo electrónico, de España, de Asturias de un joven llamado Jesús Suárez López, director del Museo de Historia oral de Asturias y filólogo en la Universidad de Oviedo.
Me pedía amistad, se la confirme y descubrí las actividades de ese pueblo asturiano, el de mi padre, que navega por mis venas.
Días atrás en Internet vi las fotos de unas ancianas. Eran precisamente las viejas asturianas que le habían dado el testimonio oral para su investigación de esas voces de “los olvidados de siempre”.
Copie e imprimí la cara de una que me pareció hermosa, mansa, sana y la guarde en mi archivo. Me recordaba a mi tía Bebe, a Mandinga, a la tía “dedos verdes”, la hermana de mi madre.
Me recordó la carta de Jose Martí a su hija clandestina Maria Mantilla cuando le recomienda conservar su corazón de niña aun siendo vieja.

“No tengas nunca miedo a sufrir. Sufrir bien, por algo que lo merezca, da juventud y hermosura. Mira a una mujer generosa: hasta vieja es bonita, y niña siempre- que es lo que dicen los chinos, que solo es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño: y mira a una mujer egoísta, que aun joven, es vieja y seca. Ni a las arrugas de la vejez ha de tenerse miedo.
“Esas arrugas que tú tienes madre mía- dice algo que leí hace tiempo- “no son las arrugas feas de la cólera, sino las nobles de la tristeza.
Quiere y sirve mi Maria”. Athos-Febrero 2 – 1895 “Cartas a Maria Mantilla”
Imprimí la foto de la vieja asturiana, busque el libro con las cartas de Martí a su hija y a mano escribí el texto.
Me recordó a mis muertitas argentinas y hasta me imagine que las españolas, a quienes nunca conocí debían tener esa carita risueña y alegre a pesar de la vida dura vivida.
Jesús Suárez López me contaba cosas de una Asturias ancestral, me ligaba a mi pasado paterno y como buen joven al fin me “hizo frecuentar el futuro” como el doctor Cardoso al periodista portugués.
Entre el material que leí estaba el fundamento del archivo que coordina.
ARCHIVO DE LA TRADICIÓN ORAL DEL MUSEO
Dice así: “Cada persona es portadora de una doble memoria. Por una parte, poseemos una “memoria ancestral” que atesora los relatos y saberes aprendidos de nuestros antepasados. Por otra, los acontecimientos vividos en carne propia van conformando al paso de los años una “memoria histórica” que se nutre del recuerdo y la reflexión sobre los hechos pasados.
Cada uno de los testimonios orales que se recogen en este archivo da la palabra a aquellos que nunca han tenido voz y contribuye a sacar a la luz la experiencia de una mayoría silenciosa, acallada por las élites políticas, económicas y culturales que tradicionalmente han monopolizado los medios de comunicación para manifestar sus ideas y legar sus testimonios. Mediante la documentación de “historias de vida” de la gente corriente podemos conocer de primera mano una amplia serie de saberes y experiencias que, de otro modo, caerían inexorablemente en el olvido”.
De pronto el recuerdo de tantas cosas aprendidas a lo largo de mi vida de casi 70 años, el testimonio de viejas señoras que habían sido jóvenes durante la Guerra Civil Española y habían quedado mudas, el recuerdo de mis muertas en Buenos Aires, las fotos antiguas donde mi abuelo materno le dedica una foto a su madre, mi bisabuela italiana, mi adorada y desconocida Claudia Testa y la llama “Mártir del destino”. ¿Porque?
El testimonio oral de Maria Miranda Gutiérrez, de 80 años me hizo llorar desconsolada, me hizo pensar en tantas mujeres sufridas, en las propias y en las ajenas.
En el video de Jesús Suárez López ella dice que en vez de pensar en el futuro ella piensa en el pasado y se enjuga las lágrimas. Me partió el alma cuando dice “Como pudimos aguantar lo que aguantamos”.
Una que ya es una anciana señora y que también aguanto mucho, aprovecha los cambios extraordinarios que vive la humanidad, se estremece de cuanta maldad, sinrazón y negatividad caracterizan a tantas poblaciones, se pregunta por esos millones de jóvenes que quieren como en el Reino Unido seguir unidos al continente europeo y leo apasionadamente a ese viejo periodista portugués, que “ frecuenta el futuro” que le cierra los ojos a Monteiro Rossi, que escribe y conspira para denunciar a la dictadura de Salazar en 1938 y se anima a recuperar aquel niño que fue, con su pureza, su transparencia y hace lo que siempre hizo bien: ser periodista.
Comunicar, narrar, contar una historia con gracia y garra y si es mujer poner la carita de asturiana traviesa, que vieja y con cicatrices todavía se anima a “frecuentar el futuro” y si es necesario “comenzar el tiempo de empezar de nuevo”.
Fuentes
Testimonio de Maria Miranda Gutiérrez.
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Museo del pueblo asturiano:
Jesus Suarez Lopez:
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