A 100 años del nacimiento de Minerva Mirabal, una líder política asesinada por el trujillismo por atreverse a desafiar el poder, declaramos que su memoria no se honra con flores, se honra con acción. Minerva convoca a las mujeres a levantar la voz cuando quieren imponernos silencio, a organizarnos cuando quieren aislarnos, a pelear cuando quieren domesticarnos.
Minerva nos convoca a hacer política con la dignidad de quien no pide permiso para existir.
Siguiendo el ejemplo de Minerva, hoy nos levantamos frente a la oleada de retrocesos que pretende arrancarnos nuestros derechos y nuestro futuro en República Dominicana, en la región y en el mundo. Nos levantamos frente a las nuevas ofensivas imperiales que buscan recolonizar a América Latina y el Caribe metiendo la mano en elecciones, estableciendo y manteniendo bloqueos, sembrando miedo, promoviendo intervenciones y guerra y llamándole seguridad a su control

Nos levantamos frente a la continuación del genocidio del pueblo palestino en Gaza, sostenido por la impunidad y el cinismo internacional a pesar de un supuesto plan de paz, frente al genocidio en Sudán ignorado por la mayor parte del mundo y la guerra de Ucrania que ya va en su cuarto año; y todas guerras porque las que las mujeres y las niñas llevan siempre la peor parte de ellas.
Nos levantamos frente a la persecución y el abuso contra las mujeres haitianas migrantes a quienes se les niega la salud, se les humilla, se les violenta y se les convierte en chivo expiatorio de un Estado que no quiere hacerse cargo de su propia crisis. Nos levantamos ante el asesinato de las 160 niñas iraníes y frente a la situación en Venezuela.
Nos levantamos también ante el pueblo cubano, que resiste día a día una crisis económica y social agravada por décadas de bloqueo, la principal herramienta de asfixia diseñada para doblegar su soberanía. Nos levantamos, en fin, contra toda forma de opresión, porque la lucha por la dignidad es una sola y no conoce fronteras. Nos levantamos, por la destrucción de la madre tierra, contra quienes en su afán de acumulación de riquezas, en complicidad con la gran industria extractiva transnacional saquean los suelos agrícolas despojando comunidades completas de sus tierras, de su vida. Contaminan las aguas, el aire, destruyen los bosques y ponen en peligro la soberanía alimentaria de nuestra nación y la vida misma del planeta.

Nos levantamos frente a los feminicidios que continúan colocando a nuestro país en los primeros lugares de esta violencia macabra en la región. Nos levantamos frente a la violencia sexual, física, emocional y económica que las mujeres siguen sufriendo dentro y fuera de sus hogares, frente a la violencia que 6 de cada 10 dominicanas experimentan en el mundo virtual y la que enfrentan las mujeres políticas que son víctimas de acoso, insultos y difamación simplemente por atreverse a ocupar el espacio público.
Nos levantamos frente a la justicia que llega tarde o no llega y un sistema que todavía protege a los agresores y castiga a las sobrevivientes. Un sistema en el que solo la quinta parte de lo que se invierte en combatir la violencia contra las mujeres se dedica a la prevención y, por tanto, no se puede resolver de raíz este problema que ha costado la vida a tantas de nosotras.
Un sistema en el que todavía no se educa a los niños y las niñas en igualdad ni para la igualdad por miedo a lo que digan las jerarquías de las iglesias. Nos levantamos también frente a la agenda conservadora que quiere convertir el dogma en ley y la ley en castigo intentando controlar nuestros cuerpos, nuestras decisiones, nuestras familias, nuestros amores, nuestras comunidades y nuestras vidas. No creemos en el supuesto “orden” que impulsan los sectores conservadores cuando realmente se trata de violencia. Violencia contra las personas migrantes, contra los jóvenes de los barrios en los falsos intercambios de disparos, violencia contra las mujeres y las niñas abandonándolas a la muerte, al miedo y a la precariedad en nombre de la supuesta “unidad de la familia”. No creemos el discurso que nos venden queriendo convertir el racismo, la crueldad y el control de los cuerpos de las mujeres y niñas como un mal llamado “sentido común”. Y lo decimos con la frente en alto, nada de lo que hoy tenemos como avance para las mujeres cayó del cielo ni fue un regalo del Estado ni de ningún poder benevolente.
Cada derecho arrancado, cada puerta abierta, cada ley conquistada, cada espacio social ganado ha sido el resultado del trabajo perseverante de mujeres que salen a la calle todos los días a defender su vida y su dignidad y de las organizaciones feministas y de mujeres que sostienen la lucha en los barrios, en las comunidades, en las aulas, en los tribunales, en los medios de comunicación y en la política. Nosotras ya hemos vivido crisis, hemos resistido en crisis y hemos avanzado en crisis. Y por eso afirmamos, sin dudarlo, que la igualdad está en camino. No vamos a negociar nuestra existencia.
No vamos a aceptar que se normalice la crueldad como política pública. Y no vamos a permitir que el país se construya sobre el odio, el racismo y el desprecio por la vida de las mujeres, las niñas, la mayoría empobrecida y negra de nuestra población y las diversidades sexuales y de género. Minerva nos convoca a avanzar. A sostener la calle y la organización, a defender la soberanía de los pueblos y la autodeterminación de nuestras vidas, a exigir un Estado que garantice salud, justicia, educación, trabajo digno, protección social y libertad real. Nos convoca a la solidaridad que cruza fronteras porque ningún derecho está a salvo si se le arranca a otra persona.
Este 8 de marzo reclamamos una vida digna. Reclamamos justicia. Reclamamos una República Dominicana donde todas las mujeres y todas las personas vivan vidas plenas y los derechos sean una realidad. Minerva nos convoca a levantar los brazos y ser más fuertes. A defender la vida con la misma fuerza e insistencia con la que hemos conquistado cada derecho en cada espacio donde intentan imponernos el miedo. Minerva nos convoca a seguir luchando y nosotras seguimos convirtiendo su llamado en acción.





