Las agencias llaman a gobiernos, empresas y ciudadanía a adoptar medidas urgentes, desde mejorar la gestión de residuos hasta promover hábitos de consumo responsables.
El mundo enfrenta una crisis silenciosa, pero de enormes proporciones: el desperdicio de alimentos. En el marco del Día Internacional de Cero Desechos, conmemorado este 30 de marzo, organismos de la ONU advirtieron que esta problemática no solo agrava el hambre global, sino que también acelera el cambio climático y genera fuertes pérdidas económicas.
La jornada, impulsada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y ONU-Hábitat, pone el foco en 2026 en un dato alarmante: cada año se desperdician alrededor de 1000 millones de toneladas de alimentos, lo que equivale a casi una quinta parte de todos los alimentos disponibles para el consumo humano.
El Secretario General de la ONU, António Guterres, fue contundente al señalar que diariamente se tira comida suficiente para preparar mil millones de comidas, mientras cerca del 9% de la población mundial padece hambre. “Estamos poniendo en riesgo nuestro clima, nuestros ecosistemas y nuestra capacidad de alimentarnos en el futuro”, advirtió.
Responsable del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero
El impacto ambiental es igualmente preocupante. La pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de hasta el 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y de aproximadamente el 14% de las emisiones de metano, uno de los gases más contaminantes. Estas cifras colocan al desperdicio de alimentos como uno de los principales factores de la llamada “triple crisis planetaria”: cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación.
Además, el problema tiene una dimensión estructural. Cerca del 60% del desperdicio ocurre en los hogares, mientras que el resto se distribuye entre servicios de alimentación y comercios. Esto evidencia fallas en toda la cadena, desde la producción hasta el consumo, lo que exige una transformación profunda hacia sistemas alimentarios más eficientes y sostenibles.
Frente a este escenario, la ONU insiste en que la solución está al alcance. Pequeños cambios en los hábitos de consumo, como planificar las compras, aprovechar mejor los alimentos o reducir las sobras, pueden tener un impacto significativo. Al mismo tiempo, se requiere la acción coordinada de gobiernos y empresas para rediseñar los sistemas alimentarios, mejorar la distribución y reducir pérdidas.
Iniciativas internacionales como Food Waste Breakthrough buscan reducir a la mitad el desperdicio de alimentos para 2030, lo que permitiría disminuir emisiones, mejorar la seguridad alimentaria y evitar pérdidas económicas estimadas en hasta un billón de dólares anuales.
El mensaje es claro: avanzar hacia un modelo de cero desechos no es solo una opción ambiental, sino una necesidad urgente. Reducir el desperdicio de alimentos es una de las acciones más efectivas y accesibles para construir un futuro más sostenible, justo y resiliente para el planeta y sus habitantes.





