Ginebra (Suiza) (OMM) — Desde que empezaron a realizarse observaciones del clima de la Tierra, este nunca había estado tan descompensado, ya que las concentraciones de gases de efecto invernadero alimentan un calentamiento continuado de la atmósfera y los océanos e impulsan la fusión de las masas de hielo, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
Estos cambios rápidos y a gran escala se han producido en cuestión de pocos decenios, pero sus repercusiones negativas se dejarán sentir durante siglos y, posiblemente, milenios.
En el informe de la OMM titulado Estado del clima mundial en 2025 se confirma que los 11 años del período comprendido entre 2015 y 2025 han sido los 11 años más cálidos de los que se tiene constancia, y que 2025 fue el segundo o tercer año más cálido jamás registrado, dado que superó en cerca de 1,43 °C la media del período 1850-1900. Los fenómenos extremos ocurridos en todo el mundo, como los episodios de calor intenso, las lluvias torrenciales y los ciclones tropicales, causaron trastornos y devastación, y pusieron de relieve la vulnerabilidad de nuestras economías y sociedades interconectadas.
El océano sigue calentándose y absorbiendo dióxido de carbono. Durante los dos últimos decenios, ha absorbido cada año el equivalente a cerca de 18 veces la cantidad de energía consumida anualmente por la humanidad. Según el informe, la extensión anual del hielo marino del Ártico fue la más baja jamás registrada, o estuvo cerca de serlo, mientras que la extensión del hielo marino de la Antártida fue la tercera más baja de la que se tiene constancia. Por otro lado, el derretimiento de los glaciares no dio tregua.
"El clima mundial se encuentra en una situación de emergencia. Estamos llevando el planeta Tierra a traspasar sus límites. Todos los indicadores climáticos clave han superado el umbral de alarma", afirmó el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres.
"La humanidad acaba de vivir los 11 años más cálidos jamás registrados. Cuando la historia se repite 11 veces, ya no es casualidad: es una evidencia que nos obliga a actuar", dijo el señor Guterres.
El emblemático informe de la OMM sobre el estado del clima mundial se ha presentado el 23 de marzo, Día Meteorológico Mundial, cuyo tema es "Observar hoy para proteger el mañana".
Por primera vez, en el informe se incluye el desequilibrio energético de la Tierra como uno de los indicadores climáticos claves.
El balance energético de la Tierra permite cuantificar la diferencia entre los flujos de energía que entran y salen del sistema Tierra. En un clima estable, la cantidad de energía solar entrante es aproximadamente la misma que la cantidad de energía saliente.
Sin embargo, las concentraciones de gases de efecto invernadero que retienen el calor en la atmósfera (dióxido de carbono (CO2), metano (CH4) y óxido nitroso (N2O)) han aumentado hasta su nivel más alto en al menos 800 000 años, y esto ha alterado ese equilibrio.
Desde que en 1960 empezaron a realizarse observaciones del balance energético de la Tierra, se ha podido constatar un incremento del desequilibrio energético del planeta, que se ha agudizado especialmente en los últimos 20 años. En 2025 alcanzó un nuevo máximo histórico.
"Gracias a los avances científicos comprendemos mejor el desequilibrio energético de la Tierra y la realidad a la que se enfrentan nuestro planeta y nuestro clima en estos momentos", declaró la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo. "La actividad humana está trastocando cada vez más el equilibrio natural y sufriremos las consecuencias durante cientos y miles de años".
"En el día a día, las condiciones meteorológicas se han vuelto más extremas. En 2025, las olas de calor, los incendios forestales, las sequías, los ciclones tropicales, las tormentas y las inundaciones causaron miles de víctimas mortales, afectaron a millones de personas y ocasionaron pérdidas económicas multimillonarias", explicó Celeste Saulo.
El calentamiento de la atmósfera —incluida la parte situada cerca de la superficie terrestre, donde los seres humanos percibimos la temperatura— representa solo el 1 % del exceso de energía, mientras que alrededor del 5 % se almacena en las masas terrestres continentales.
Más del 91 % del exceso de calor se acumula en el océano, que desempeña una función clave de atenuación del aumento de las temperaturas en tierra. El contenido calorífico de los océanos alcanzó un nuevo máximo histórico en 2025, y la velocidad de calentamiento de las aguas ha aumentado más del doble entre 1960-2005 y 2005-2025.
El 3 % restante del exceso de energía calienta el hielo y lo derrite. Así, los mantos de hielo de la Antártida y Groenlandia han experimentado una pérdida de masa considerable y la extensión media anual del hielo marino del Ártico durante 2025 fue la más baja o la segunda más baja registrada en la era satelital. El año pasado se produjo una pérdida excepcional de masa glaciar en Islandia y a lo largo de la costa del Pacífico de América del Norte.
El calentamiento de los océanos y la fusión de los hielos están impulsando la subida a largo plazo del nivel medio del mar a escala mundial, que se ha acelerado desde que comenzaron las mediciones satelitales en 1993.
El calentamiento de los océanos y el aumento del nivel del mar continuarán durante siglos, según las proyecciones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC). Los cambios en la temperatura del mar y en el pH de las capas profundas del océano son irreversibles en escalas temporales del orden de siglos o milenios.
El informe va acompañado de un gráfico interactivo. Contiene un suplemento dedicado a los episodios extremos, en el que se destacan sus efectos en cadena, en particular respecto a la inseguridad alimentaria y los desplazamientos de población.
Asimismo, incluye un capítulo centrado en la relación entre clima y salud, en el que se muestra cómo el aumento de las temperaturas, la alteración de las pautas de precipitación y los cambios en los fenómenos extremos inciden en los momentos y los lugares en que surgen riesgos para la salud, en la gravedad que estos pueden alcanzar y en la exposición de la población.
En él se destacan los ejemplos del dengue —enfermedad transmitida por mosquitos— y del estrés térmico, y se muestra cómo los datos climáticos, los sistemas de alerta temprana y los servicios climáticos integrados para la salud pueden proteger a las personas en un mundo con temperaturas al alza.
"Y en esta época de guerra, el estrés climático también revela otra verdad: nuestra adicción a los combustibles fósiles desestabiliza tanto el clima como la seguridad mundial. El informe presentado hoy debería ir acompañado de una advertencia: el caos climático se está acelerando y toda demora en la adopción de medidas conlleva consecuencias mortales", afirmó el señor Guterres.
El informe Estado del clima mundial en 2025 se ha elaborado a partir de contribuciones científicas de Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales, Centros Regionales sobre el Clima de la OMM, asociados de las Naciones Unidas y decenas de expertos.
"El informe de la OMM sobre el estado del clima mundial tiene por objeto fundamentar los procesos decisorios. Sigue la línea marcada por el tema del Día Meteorológico Mundial de 2026, porque con las observaciones que realizamos hoy, no solo predecimos el tiempo, sino que protegemos el mañana. Las personas del mañana. El planeta del mañana", aseveró Celeste Saulo.





