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Nuestra preocupación en la asociación comunitaria debe ser ¿Cómo lograr integrar, a los miembros de nuestra Comunidad, al trabajo de “disfrutar lo bonito de la vida”? Lograr el “Buen Vivir”?
Según hemos estudiado la raíz de la participación ciudadana, la madre de la democracia es Atenas (siglo V antes de Cristo); es decir, 400 a.C., en la antigua Grecia, se comenzó a practicar, por primera vez, la democracia.
No podemos vivir “atajando para que otro enlace” o “trabajando para tener ropa sucia y mal comer”. La misión encomendada por el Creador, Ser Trascendente, quien nos da la vida, es “vivir del sudor de tu frente”. Gn.3, 19.
Si estamos y permanecemos unidos y organizados, necesariamente tenemos que aceptar el estar dispuestos/as a cambiar para mantener nuestra estabilidad en las nuevas situaciones que se nos vayan presentando.
En una asociación y/u organización, la máxima dirección es la Asamblea General, por lo tanto, ella ejerce la suprema autoridad de la asociación; es el organismo superior, la flor y nata del los dirigentes y de los socios/as.
Nuestra atención debe estar atenta a lo que pasa a nuestro alrededor: lo político: corrupción, impunidad, clientelismo, alternativas de poder, lo económico, lo social, lo religioso, lo tecnológico, lo cultural…, las iglesias, el machismo, el mercado, la solidaridad, las leyes, el internet, la comunicación, los precios, el empleo, la producción, la ecología, el descanso, las pandillas, las naciones, la bulla, debemos estar atentos cómo afectan todos estos hechos a la comunidad y a la asociación y por tanto a cada uno como persona y como familia…
Muchas asociaciones fracasan porque al definir su MISIÓN a partir de necesidades transitorias y no permanentes pierden la sostenibilidad. Es decir, a veces las asociaciones se inician o se forman para dar respuesta al algo que nos afecta inmediatamente y no caemos en la cuenta de que la asociación debe trascender la necesidad inmediata personal; es decir, que la asociación va más allá de las personas que las conforman.
El consumo por un lado, el individualismo por otro; la corrupción oficializada, el clientelismo y la impunidad han ido carcomiendo el interior de las élites conductoras de nuestra sociedad, de los altos dirigentes partidistas, dirigentes populares y desencantando a la gente de que su asociación comunitaria de base es un recurso imprescindible para lograr transformar la situación comunitaria y personal.
El consumo por un lado, el individualismo por otro; la corrupción oficializada, el clientelismo y la impunidad han ido carcomiendo el interior de las élites conductoras de nuestra sociedad, de los altos dirigentes partidistas, dirigentes populares y desencantando a la gente de que su asociación comunitaria de base es un recurso imprescindible para lograr transformar la situación comunitaria y personal.
En la actualidad, que estamos metidos de lleno en la campaña electoral, dondequiera que nos encontremos, sea en un rinconcito del norte o del sur de nuestro país o en cualquier barrio de la ciudad que sea, a la hora menos apropiada e inesperada…, aparece una bocina “tumba coco” que “nos saca de quicio”…,
El discernimiento nos sirve para encontrar la voluntad de Dios y así dejarme guiar por ella. La base del discernimiento es la conciencia personal. Por tanto, las dos cualidades fundamentales para discernir son: calidad humana y libertad. Debemos tener conocimiento de las propias cualidades y de nuestras limitaciones.
Sin lugar a dudas, cultivar la espiritualidad nos mantiene vivo y actuante el sentido de humanidad; nos hace presente el compromiso permanente de nuestra fe cristiana: “…al otro como a mi…”
Las conversaciones sobre la espiritualidad no son tan frecuentes a nivel personal ni a nivel comunitario. Quizás es por eso que la violencia personal e institucionalizada por los gobiernos, la corrupción pública y privada, el clientelismo político, el individualismo exagerado, el yo que anula el tú, la vida fácil y placentera, etc., etc…, predominan en la actualidad.















