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Vivimos tiempos dramáticos bajo el ataque del coronavirus, una especie de guerra contra un enemigo invisible, contra el cual todo el arsenal destructivo de armas nucleares, químicas y biológicas fabricadas por los poderes militaristas son totalmente inútiles e incluso ridículas. El Micro (virus) está derrotando a lo Macro (nosotros).
Después de pasar la cumbre del siniestro de coronavirus y llegar a nivel de condición moderada o conclusión de la funesta pandemia en el globo terráqueo, el mundo no será igual en numerosos aspectos.
A raíz de la recién crisis sanitaria que afecta todo el orbe donde nuestro país no es la excepción se ha presentado una discusión sobre la viabilidad o no de que los trabajadores reciban partes de sus fondos acumulados en sus cuentas de capitalización individual (CCI) en manos de las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP)..
¿Cómo celebrar la pascua, la victoria de la vida sobre la muerte, y más aún, la irrupción del ser humano nuevo, en el contexto de un viernes santo de pasión, dolor y muerte, que no sabemos cuándo termina, bajo el ataque del coronavirus sin distinción a toda la humanidad?
La pandemia del coronavirus nos obliga a todos a pensar: ¿qué es lo que cuenta verdaderamente, la vida o los bienes materiales? ¿El individualismo de cada uno para sí, de espaldas a los demás, o la solidaridad de los unos con los otros?
Quedarse en casa resulta difícil para mucha gente. Excepto las personas dedicadas a la economía informal, aquellos espíritus de Dios que buscan el moro del día en las calles. Porque el adjetivo, entonces, no sería difícil, si no trágico. Y de tragedias que rompen el alma están llenas la prensa y las redes sociales.
En este tiempo del coronavirus que está produciendo miedo y trayendo muerte a muchas personas en todo el mundo, la celebración del Viernes Santo adquiere un significado especial.
Los movimientos populares hacen historia. No siguen una trayectoria definida. No son predecibles. La apuesta de Bernie Sanders por la candidatura presidencial demócrata es un buen ejemplo.
Ayer me lavaba las manos con el agua cristalina del río de mi campo.
Ayer escuchaba el trino de las aves entrelazado al follaje de los árboles.
La pandemia del coronavirus nos revela que el modo como habitamos la Casa Común es pernicioso para su naturaleza. La lección que nos transmite reza así: es imperativo reformatear nuestro estilo de vida en ella, como un planeta vivo que es.
Quedarnos en casa. Refugiarnos en donde estemos. Mantener distancia social. Ahora sabemos cómo detener la pandemia de Covid-19.
En la Santa Biblia hay muchos casos de actos de benevolencia, servicios y apoyos a muchos en momentos de dificultades; pero ahora en la Semana Santa 2020, dada la situación de la pandemia de coronavirus que azota al mundo, es de lugar tener en mente a tres mujeres que asistieron y apoyaron a Jesús Nazareno en su situación de sufrimiento y muerte y que nos sirven de ejemplo.
Son pocas las personas sabedoras de que nací en el Cupey, Puerto Plata. Sobre todo porque salí siendo un niño de apenas 8 años de edad. Recuerdo, a la sazón, que me abracé con todas las fuerzas de mi alma y con todas las fuerzas de mi espíritu a la ciudad Corazón.














